“La gente de laburo está cansada”: cómo viven los comerciantes del barrio Regional
Sobre la cuadra de Champagnat en la que el comerciante mató al adolescente de 16 años que presuntamente intentaba robarle, los negocios abren cada vez menos horas, trabajan a puertas cerradas y pagan seguridad privada. “Después de las 4 de la tarde esto es tierra de nadie”, dicen.
Sus rostros ya no expresan bronca. Es algo más parecido a la resignación. Los comerciantes de la cuadra de Champagnat en la que durante la madrugada del domingo un hombre mató a balazos a un adolescente de 16 años aseguran que hace tiempo aprendieron a convivir con la inseguridad. Los negocios abren solamente durante el día, varios modificaron sus horarios para evitar las últimas horas de la tarde, casi todos tienen persianas metálicas o rejas reforzadas y muchos sumaron cámaras, alarmas y custodia privada.
En el lugar donde ocurrió el último episodio, en pleno barrio Regional, cada comercio tiene una historia para contar. Robos, intentos de ingreso, persianas forzadas, vidrios rotos y, en algunos casos, armas de fuego. Lo que ocurrió el domingo, dicen, no hizo más que volver a poner en evidencia una situación que padecen desde hace años.
“Esto después de las 4 de la tarde es tierra de nadie. Inclusive, como podés ver, habiendo pasado lo que pasó no hay un patrullero en la zona. Parece joda”, dice un hombre que trabaja en la atención al público de una gomería ubicada junto a la Química Imperio, el comercio cuyo propietario, Ulises Abel Cristiano (36), permanece detenido por haber efectuado siete disparos durante la madrugada del domingo.
En aproximadamente una hora de permanencia de LA CAPITAL en el lugar no se observa ningún móvil policial en circulación.
“Si después de lo del otro día, con la posibilidad de una reacción o una venganza, la policía no está acá custodiando el barrio te imaginarás que no van a venir en cualquier momento normal…”, agrega el comerciante.
A pocos metros, en el mismo inmueble lindero, los empleados de una distribuidora de alimentos explican que la inseguridad también terminó modificando sus jornadas laborales.

“Nosotros entrábamos a las 6.30 de la mañana y cerrábamos a las 3 de la tarde, pero en invierno, como tan temprano es de noche y esto es tierra de nadie, el dueño nos cambió el horario y ahora entramos a las 8 y salimos a las 4”, cuenta uno de los trabajadores.
El local funciona además “a puertas cerradas”. Pero ni siquiera eso alcanza.
“Igual, eso no es garantía de nada, porque cada dos por tres pasan ladrones y quieren levantar la cortina y meterse. La última fue hace dos semanas, más o menos, y saltó la alarma al toque, pero alcanzaron a llevarse algo de plata de la caja y un teléfono celular”, agrega.
Seguridad privada
En esa misma cuadra hay comercios que directamente decidieron pagar para contar con una persona que permanezca en la puerta durante el horario de atención.
El propietario de una distribuidora de cereales y alimentos para mascotas recibió un disparo durante un asalto ocurrido años atrás. Ahora su hijo cuenta que el negocio tiene contratado a un vigilante para custodiarlo.
“Nosotros tenemos contratado a un custodio para que esté acá afuera durante la atención al público. Después, a las 3 y media de la tarde cerramos y nos vamos, porque en esta zona no queda nadie”, relata.
La decisión no eliminó los problemas. “Muchas veces, ya de noche, se nos quisieron meter por los techos, pero el frente, por el terreno baldío de al lado… Es constante”, agrega.

En la esquina de Champagnat y Primera Junta, otro comercio también cuenta con seguridad privada. En la puerta del imponente local permanece parado un hombre abrigado con una campera que lleva la palabra “seguridad” escrita en letras mayúsculas sobre la espalda. Es otro expolicía. Lleva más de una década trabajando allí.
“Esta zona es complicada, sobre todo cuando cierra todo. Siempre pasa alguien y hace algún destrozo a la noche. Con las persianas, las cámaras de seguridad y las alarmas es difícil que entren, pero sí rompen las cortinas o los vidrios en el caso de los negocios que tienen rejas”, describe.
No quiere dar demasiados detalles sobre lo ocurrido durante la madrugada del domingo. Pero cuando se le pregunta por el clima que se vive entre los comerciantes después de la muerte del adolescente, resume su percepción en una frase: “Yo no sé cómo fue lo que pasó, lo único que sé es que la gente de laburo está cansada”.
El hecho sangriento
El episodio ocurrió durante la madrugada del domingo en Champagnat y Saavedra, en el barrio Regional. Ulises Abel Cristiano (36), propietario de la Química Imperio, había decidido permanecer frente a su comercio junto con otro hombre después de que delincuentes forzaran la persiana metálica del local. Según su abogado, lo hizo luego de haber sufrido ocho robos previos, la mayoría en un galpón de Magallanes al 7800.
De acuerdo con la versión que sostiene su representación legal, seis jóvenes que se movilizaban en tres bicicletas llegaron hasta la Toyota Hilux en la que se encontraban Cristiano y su acompañante e intentaron abrir las puertas de ambos lados del vehículo. Cristiano efectuó siete disparos y Sebastián Nazareno García (16) recibió tres impactos: uno en el pecho y dos en los hombros. Murió en el lugar.
Un adolescente de 15 años que habría formado parte del mismo grupo llegó posteriormente herido al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA). En un primer momento dijo que había sido víctima de un intento de robo en una estación de servicio, pero después reconoció que integraba el grupo de García y señaló que el adolescente había recibido el disparo cuando se acercó a la camioneta.
Cristiano fue detenido y quedó imputado por el homicidio. Se negó a declarar y pidió asistencia psicológica y psiquiátrica. Su abogado, Gonzalo Lamenza, sostiene que actuó en legítima defensa y que debe contemplarse que el comerciante se encontraba realizando una guardia para proteger su negocio después de una sucesión de robos. La estrategia de sus representantes también podría incluir la hipótesis de que existió un intercambio de disparos.
Hasta este martes, la investigación no incorporó formalmente una denuncia por robo vinculada con el episodio. La camioneta permanece secuestrada y, según las primeras observaciones, no presenta a simple vista impactos de bala.

Imagen que muestra la persiana metálica forzada del local.
La Justicia tampoco logró obtener hasta el momento imágenes que permitan reconstruir la secuencia completa. El único domo del Centro de Operaciones y Monitoreo (COM) ubicado en las inmediaciones no captó los disparos porque estaba orientado hacia una pareja que esperaba un colectivo y luego siguió a esas personas cuando escaparon al escuchar las detonaciones.
La investigación está a cargo de la fiscal Constanza Mandagarán, que deberá determinar qué ocurrió en los segundos previos a los disparos y si la conducta de Cristiano puede quedar comprendida dentro de la legítima defensa o si, eventualmente, existió un exceso.
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