La paradoja de los Caldera: un padre que ayudó a su hijo a ocultar un crimen y un hijo acusado de abandonarlo hasta la muerte
Jorge Caldera llegó a ser juzgado por no haber asistido a Bárbara Tiscornia después de que Guillermo le disparara. Más de 20 años después, Guillermo es juzgado por el abandono que, según la Fiscalía, terminó con la muerte de su padre.
Foto: Archivo LA CAPITAL.
Hay una paradoja difícil de pasar por alto en la historia judicial de los Caldera. Hace más de 20 años, Jorge Caldera acudió al departamento de su hijo Guillermo después de que este le disparara en el rostro a su novia, Bárbara Tiscornia. El médico no llamó a la policía ni consiguió asistencia para la joven: ayudó a su hijo a ocultar lo ocurrido y a deshacerse del cuerpo.
Ahora, muerto Jorge Caldera, es Guillermo quien enfrenta un juicio por jurados acusado de haberlo abandonado cuando estaba postrado y necesitaba asistencia permanente.
Son dos causas distintas, separadas por dos décadas, pero con una relación familiar que las conecta de una manera particularmente dramática: un padre que hizo todo lo que pudo para ayudar a su hijo después de que cometiera un homicidio y un hijo que, según la acusación que ahora se debate, no hizo lo necesario para cuidar a su padre cuando este quedó completamente dependiente de terceros.
La primera historia ocurrió en la madrugada del 22 de abril de 2003. Guillermo Caldera asesinó de un disparo en el rostro a Bárbara Tiscornia, de 20 años, en el departamento de su familia de la zona de La Perla. Por ese crimen fue condenado en 2005 y recibió una pena de 13 años de prisión, posteriormente reducida.
Después del disparo, Guillermo llamó a su padre. Jorge Caldera, médico, llegó al departamento pocos minutos después. Según los elementos que surgieron durante la investigación y el juicio, asistió a su hijo en las maniobras posteriores al crimen: ayudó a limpiar la escena, envolvió el cuerpo de Bárbara junto con Guillermo, lo cargó en el baúl de su Mercedes Benz y participó del traslado hasta la zona de Camet, donde finalmente arrojaron el cadáver por un acantilado.
El cuerpo fue encontrado horas después por un pescador, envuelto en mantas y bolsas de residuos. La maniobra había buscado ocultar el crimen y dificultar la investigación. Guillermo permaneció prófugo durante siete meses, hasta que finalmente se entregó.

Guillermo Caldera, al momento de ser detenido en 2023.
Jorge también quedó involucrado judicialmente por su conducta posterior al disparo. Como médico, fue acusado de no haber asistido a Bárbara cuando todavía se encontraba con vida. El debate sobre su responsabilidad llegó a juicio en 2015, doce años después del homicidio.
El particular damnificado pidió que fuera condenado por abandono de persona seguido de muerte. La acusación sostenía que Jorge había llegado al departamento cuando Bárbara todavía tenía signos vitales y que, por su condición de médico, podía haber intentado asistirla. Sin embargo, la Fiscalía y la defensa coincidieron en pedir su absolución.
Los peritos médicos determinaron que la joven había sufrido una lesión mortal y que su sobrevida después del disparo había sido extremadamente breve. Para el fiscal Alejandro Pelegrinelli, esa circunstancia impedía atribuirle a Jorge la muerte de Bárbara por la falta de asistencia. El Tribunal Oral en lo Criminal 1 finalmente lo absolvió.
La absolución, sin embargo, se produjo específicamente por ese aspecto de la acusación. No significó que desaparecieran los hechos que habían rodeado al médico durante aquella madrugada. De hecho, en el juicio se había reconstruido que Jorge había ayudado a su hijo después del homicidio y que había participado en las maniobras para hacer desaparecer el cuerpo.
Tampoco pudo recibir una condena por encubrimiento por haber favorecido a Guillermo después del crimen. El artículo 277 del Código Penal establece una exención de responsabilidad para quien actúa en favor de determinados familiares, entre ellos los parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad. Esa disposición impide castigar penalmente determinadas conductas de encubrimiento realizadas en favor de familiares cercanos.
Así, aquella historia terminó con Guillermo condenado por el homicidio de Bárbara y con Jorge absuelto del delito de abandono de persona seguido de muerte por las razones médicas establecidas en el juicio, mientras que su actuación posterior al crimen quedó atravesada por la protección que había brindado a su hijo.
Más de una década después, los nombres de ambos volvieron a aparecer juntos en un expediente judicial, pero con los roles completamente invertidos.
Jorge había quedado postrado por sus problemas de columna y, según la Fiscalía, durante los meses previos a su muerte necesitó cuidados que no recibió. Guillermo y su pareja, Andrea Farías, están acusados de haberlo colocado en una situación de abandono y de no haberle proporcionado la higiene, alimentación y medicación que requería.
El 9 de agosto de 2023, cuando finalmente recibió asistencia, Jorge se encontraba en condiciones extremadamente deterioradas. Elena Cabrera, la mujer que concurría a ayudarlo varias veces por semana, declaró que lo encontró inconsciente, pálido, frío y sudoroso, acostado y rodeado por sus propias deposiciones y orina. Fue trasladado en silla de ruedas a la Clínica Colón y murió posteriormente. La Fiscalía sostiene que el cuadro de abandono agravó y aceleró su deterioro.
La investigación también incorporó el testimonio de una abogada de la familia que había asistido a Jorge meses antes de su muerte. Según declaró, el hombre le había manifestado que sufría malos tratos por parte de su hijo y su nuera y que quería abandonar la vivienda.
Guillermo y Farías niegan haberlo abandonado. Durante el juicio que comenzó esta semana, ambos declararon y rechazaron los cargos. La defensa sostiene, entre otras cuestiones, que Jorge era cuidado, higienizado y alimentado.
La diferencia entre las dos historias es inevitable. En 2003, cuando Guillermo quedó atrapado en las consecuencias de haber matado a Bárbara Tiscornia, fue su padre quien acudió en su ayuda y terminó involucrado en una maniobra destinada a ocultar el crimen. En 2023, cuando fue Jorge quien se encontraba indefenso y necesitaba de su hijo, la Fiscalía sostiene que Guillermo le dio la espalda.
Jorge Caldera murió sin que la Justicia pudiera responsabilizarlo penalmente por la muerte de Bárbara, aunque sí quedó acreditado durante aquella causa que había ayudado a su hijo después del disparo. Ahora es Guillermo quien debe responder ante un jurado popular por la muerte de su padre.
Dos décadas después, la historia judicial de los Caldera vuelve a encontrarse en el mismo punto: un padre y un hijo, dos muertes y dos acusaciones atravesadas por la misma pregunta sobre hasta dónde puede llegar el vínculo familiar cuando uno de ellos necesita del otro.
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