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Cultura 24 de abril de 2018

“Las invasiones inglesas nos enseñan de lo que somos capaces si nos unimos”

La escritora e investigadora Mercedes Giuffré habló de "Almas en Pena", la cuarta parte de la serie y adelantó que está trabajando en una quinta.

Mercedes Giuffré, Redhead y las lecciones de la historia.

por Claudia Roldós
@clauroldosmdp

“Las invasiones inglesas nos enseñan de lo que somos capaces si nos unimos, más allá de nuestras enormes diferencias y brechas que, parece, siempre hemos tenido”, asegura Mercedes Giuffré, autora de Almas en Pena (SUMA), la cuarta novela de una saga histórico detectivesca, situada, precisamente en ese contexto.

El relato está protagonizado por el médico escocés Samuel Redhead, quien instalado en Buenos Aires se ve envuelto no sólo en conflictos de índole político y social por la convulsión de la época, sino en misterios familiares y hasta debe enfrentar a un antiguo rival con sed de venganza. Tanto en esta entrega como en las anteriores (Deuda de Sangre, El peso de la Verdad y El carro de la muerte), la literatura de Giuffré también da voz a personajes que en la historia han sido invisibilizados como mujeres de distintos estratos sociales, esclavos, servidores, peones, habitantes del interior, por mencionar algunos.

Almas en Pena fue lanzado en octubre del año pasado por Suma y su autora tuvo la primera presentación oficial en el marco de la Feria del Libro Mar del Plata Puerto de Lectura, en una actividad organizada por la Revista Leemos.

Pasado el verano, Giuffré, quién además es docente e investigadora, mantiene una intensa agenda de presentaciones, tanto en Capital como en el interior. También dio una amena nota a LA CAPITAL, en la que adelantó que Almas en Pena no será la última aventura de Redhead, ni de Malik, el personaje de un liberto que fue creciendo a lo largo de la saga y tiene grandes chances de protagonizar su propia novela.

– ¿Cómo encuentra esta nueva aventura a su protagonista, Samuel Redhead que ha sabido cosechar tantos amigos como enemigos desde su llegada a Buenos Aires?

– Lo encuentra en pleno momento de cambio. Buenos Aires se prepara para defenderse de una nueva e inminente invasión (los británicos han tomado Montevideo y en cuanto les lleguen sus refuerzos caerán sobre la ciudad) y él tiene una hermana española y un hemanastro escocés que se encuentra entre los prisioneros de la primera invasión, confinado a una estancia cordobesa. Este hermanastro, Willie, le escribe pidiéndole ayuda porque teme por su vida. Redhead ya se ha comprometido con Clara Ocampo (algo esperado por los lectores de la serie) y se ve en la disyuntiva de dejar a su prometida en esa ciudad casi sitiada y partir a Córdoba en auxilio de Willie, o quedarse y faltar a su propia sangre.

– ¿Se ha ido modificando la forma de pensar de Samuel a partir de su tiempo en el Virreinato y el contacto con realidades tan diversas a las de su crecimiento y formación?

– Definitivamente sí. Está más cómodo con los criollos. Y a lo largo de su desplazamiento a Córdoba (porque decide ir, con el apoyo de Clara) se va transformando incluso físicamente. En esta novela lo vemos dejar el traje inglés por el chiripá y la vestimenta gaucha, más confortable para lo que le espera. Eso irá acompañado de una apertura en su modo de pensar que ya no es mera tolerancia sino interés y curiosidad respecto de las creencias de Malik, su ayudante africano. Creo que, como personaje, en “Almas en Pena” Redhead sale ganando. Y además, como científico, ese cambio se refleja en una vuelta del racionalismo al empirismo abierto (incluso a lo sobrenatural, mal que le pese a él mismo).

Poner el cuerpo por la justicia

– Además de la resolución de los enigmas y los conflictos, ¿La razón que lleva a Redhead a involucrarse con los casos es una necesidad existencial de búsqueda de la verdad y la justicia, por sobre todas las cosas y más allá de las consecuencias?

– Así es. Samuel Redhead es un inconforme frente a la corrupción y la injusticia. No se resigna. Le toca ver un mundo en crisis en el que los valores están en quiebre y da pelea para que lo que venga sea un poco mejor. Pone el cuerpo para cambiar las cosas.

– ¿Qué desafíos le generó a la hora de escribir el uso de las herramientas científicas, la capacidad de observación y el razonamiento deductivo de Redhead? 

– Tuve que estudiar mucho, viajar, consultar archivos, documentos, bibliotecas y ponerme en la mente de un hombre de esa época; leer cartas y escritos de personas que vivieron en ese entonces y que pudieran tener una mentalidad afín. Recuerdo, por ejemplo, el maravilloso libro de Alexander von Humboldt, de su viaje por América. Hay históricamente algunas personas reales que tienen mucho en común con mi personaje. De hecho, hay un referente concreto en Buenos Aires que fue el médico y naturalista Joseph Redhead (a quien le tomé prestado el apellido). Pero mí Redhead es una sumatoria de lecturas y vivencias, una construcción (tiene algo de Sherlock Holmes y de Conan Doyle, y un poco de mi abuelo gallego y de mí).

Justicia (poética)

– ¿A través de las relaciones de Redhead, como escritora, buscó darles voz a personajes que en aquel entonces estaban completamente relegados: los esclavos, los sirvientes, los que aún sin estar bajo el yugo de sus amos o patrones sólo tenían el rol de brindarles servicios?

– Es cierto, porque siempre pensé que en ese sentido, la literatura es una suerte de justicia (poética). Esa gente no tuvo voz en la historia (ahora eso se está revisando desde la propia historiografía como ciencia, pero la novela hizo lo suyo mucho antes). Le doy injerencia, protagonismo, criterio y voz a los negros, a los indios y especialmente, a las mujeres. En este novela, Clara y Elisa (la prometida y la hermana de Redhead, respectivamente) se apropian de la investigación del asesinato inicial e investigan de forma paralela, desde Buenos Aires. Por otro lado, en Córdoba, Redhead conoce un círculo de damas (que es un homenaje a varios grupos de lectoras que me invitaron a sus tertulias en esa provincia, en La Plata y en Buenos Aires) y él se da cuenta de lo observadoras y valientes que son. De hecho, le pasan un dato importante para resolver una situación.

Almas en Pena

– En este caso, que Clara Ocampo sea viuda, ¿fue la forma de dotarla de la “libertad” de tomar decisiones que no todas las mujeres de sociedad tenían en esa época? 

– Es muy interesante lo que pasaba con las mujeres en esa época en nuestro virreinato. A diferencia de las inglesas, las hispanas podían heredar a sus esposos y manejar su dinero y sus propiedades, siempre que no volvieran a casarse. Por eso Clara tiene todas las de perder al aceptar a Redhead. Pero está enamorada porque él es un hombre fuera de lo común y parece entender que ella no va a claudicar en lo que ha logrado con su independencia. Veremos cómo sigue.

– El personaje de Malik fue ganando protagonismo a lo largo de la saga. ¿Cobró vida propia? ¿Tiene chances de protagonizar su propia novela? 

– Parecería que sí. Y es lo mágico de escribir ficción. Yo misma me asombro con este personaje que los lectores quieren mucho. Alguien me pidió incluso eso, que protagonice su propia novela. Es un liberto que aprende a leer y a escribir en la tercera novela de la serie (El carro de la muerte) y se convierte en mano derecha de Redhead. Además, es un líder de la comunidad bakongo y tiene trances en los que los espíritus llamados minkisi se comunican con él. Es valiente, decidido, arrojado y está enamorado de una mujer que no lo quiere. Definitivamente, queremos saber más de Malik y va a ocupar su lugar en otros libros. Pero yo aclaro que las novelas no tienen que leerse en orden necesariamente. Que pueden leerse por separado, porque cada una entraña un misterio a resolver.

La lección de la historia

– ¿Por qué, particularmente, sitúa las novelas en el momento de las Invasiones Inglesas? ¿Sobre qué quiere llamar la atención?

– Por varios motivos. En primer lugar, siempre me atrajo ese choque en el que los porteños y en verdad los habitantes de todo del virreinato (porque el interior envió gente a defendernos y eso hay que decirlo, no sólo la provincia de Buenos Aires sino el Norte, Cuyo, Córdoba y demás territorios). Es el inicio de nuestra conciencia de lo que éramos capaces, porque España nos había abandonado a nuestra suerte. El virrey Sobremonte había solicitado varias veces a la Corona que enviase militares de refuerzo pero había sido desoído y sólo contábamos con el regimiento de Fijo, que estaba formado por gente de todas partes (¡el joven salteño Martín Miguel de Güemes, por ejemplo!). Acá no había oro ni cobre ni plata, luego éramos el último orejón del tarro. Lo que nos enseña el episodio es de lo que somos capaces si nos unimos, más allá de nuestras enormes diferencias y brechas que parece siempre hemos tenido. Pero me interesa particularmente el episodio porque es el inicio de lo que va a decantar en nuestra guerra de Independencia. Y ya vemos que en ésta fueron necesarios todos: los indios, los negros, los criollos, las mujeres, los extranjeros que vivían en nuestro suelo, que eran muchos, y los que se sumaron en el camino. Todos pelearon. La historia luego invisibilizó a varios grupos. A las mujeres, desde ya. Ahora venimos a enterarnos de que hubo mujeres en el frente y no sólo en los salones.

– ¿Hay otro período de la historia argentina en el que le gustaría situar una próxima novela?

– La guerra de Independencia. Tengo pensada una serie de novelas. Una saga en realidad, que cuente la guerra desde los de abajo, en el día a día. Estoy leyendo y estudiando para eso, pero en el ínterin escribo una novela de terror y tengo apalabrada con mi editora la última novela de la serie de Samuel Redhead. Al menos, la última por un tiempo.



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