Luciana De Luca presenta ‘Pez, piedra, pájaro’: “No hay nada más salvaje que lo humano”
En su tercera novela, recupera el imaginario de los mitos y las leyendas populares para contar la historia de una familia de mujeres atravesadas por la metamorfosis. La autora conversa con LA CAPITAL antes de su presentación este domingo en el cierre de la Feria del Libro de Mar del Plata.
Luciana De Luca: “La historia vuelve al origen y yo vuelvo a mi origen como lectora, como persona que empieza a descubrir la fecundidad de la imaginación”. (Fotos: Alejandro Guyot)
Por Rocío Ibarlucía
Un grupo de colonos llega, después de un viaje agotador, a una tierra todavía sin nombre. Una llanura seca e inmensa, poblada de cascarudos, alguaciles, aguará guazú y flores de irupé que gritan con rabia: “Váyanse por donde vinieron”. Pero los usurpadores, desesperados, enfrentan el hambre y la hostilidad del suelo para sobrevivir. En esa tierra crece Jocabed, “la primera de todos los hijos que nacerían en el nuevo mundo”, una bebé extraordinaria que sale con dientes del vientre de su madre.
Y de Jocabed nacerán las gemelas Zeta y Primavera. Una podrá transformarse en árbol. La otra quedará atrapada en un amor que la llevará a la locura y a ser madre de Pez, una criatura que, a su vez, atravesará sucesivas metamorfosis, como anticipa el título.
Pez, piedra, pájaro (Tusquets), tercera novela de Luciana De Luca, cuenta una historia de tres generaciones de mujeres que sobreviven a la falta de cuidados y a distintas formas de violencia. Pero esa supervivencia no es solamente una manera de resistir y protegerse. En ellas se convierte también en una fuerza, en una capacidad de transformarse y de encontrar otras maneras de estar en el mundo.
De Luca nació y vive en Buenos Aires, pero creció en el litoral santafesino, una experiencia que reconoce como decisiva para su escritura. No es la excepción este libro, que presenta a la naturaleza como un personaje más, con una voz y una fuerza arrolladoras. La autora también escribió las novelas Otras cosas por las que llorar y El amor es un monstruo de Dios, además de numerosos libros para niños, reconocidos por Alija y otras instituciones internacionales.
Aunque esta nueva historia está dirigida a lectores adultos, hurga en los cuentos populares, las fábulas y los mitos que De Luca escuchaba durante su infancia, porque “me sigue resultando fascinante encontrar maneras ficcionales de explicar el mundo”, dice la autora.
Esa vuelta al origen también atraviesa la escritura de la novela. De Luca construye una prosa poética y sensorial que recupera la cadencia de los cuentos populares y hace del ritmo de las frases una herramienta para que la historia no solo se lea, sino que también se escuche.
Sobre ese universo literario y sobre el modo en que encontró la voz para narrarlo, De Luca conversó con LA CAPITAL antes de su visita a Mar del Plata, donde presentará “Pez, piedra, pájaro” este domingo a las 18.30 en la sala Victoria del Espacio Cultural del Paseo Aldrey, en la última jornada de la 21ª Feria del Libro.
“Como no tenemos suficiente con el mundo real, necesitamos la imaginación”
— ¿Cómo apareció el universo literario que creás en Pez, piedra, pájaro?
— En general, empiezo a escribir por algún lugar, por alguna idea, por alguna escena, por alguna situación o incluso por una descripción. Este universo comenzó por un lugar extraño, porque empezó por lo que terminó siendo el final. Empecé a escribir sobre esta criatura, Pez, y sus transformaciones y cómo influía en su entorno, qué pasaba con su familia y de alguna manera la historia me empezó a tirar hacia atrás, como si necesitara conocer todo lo anterior. ¿Cómo sucedió esto? ¿Quién es esa madre? ¿Y esa madre de quién es hija? ¿Y esa madre de quién a su vez es hija? ¿Y esa tierra qué es? ¿Y dónde surge? ¿Y por qué? El texto me fue haciendo preguntas y a partir de ahí se creó todo un universo del que no solo no tenía idea, sino que ni siquiera tenía planes de escribir.
— La novela toma elementos del mito de origen, de la fábula, de los cuentos de hadas. ¿Cómo ha sido tu relación como lectora con este tipo de textos fundacionales?
— Bueno, justamente fueron parte de la fundación de mi vida como lectora. Antes de leer por mi cuenta, mi padre me leía cuentos populares rusos, de los hermanos Grimm, de Perrault y me hablaba muchísimo de mitología griega. Me enseñaba los personajes, me contaba sus aventuras, e incluso hacía esas gracias de los padres de enseñarle a los hijos a recitar. Y, cuando venían las visitas, me subía a algún banquito y me hacía recitar las historias de los dioses y de los semidioses. Creo que todo eso fue, de alguna manera, sembrando, antes de darme cuenta, la imaginación y propiciando que luego viniera todo lo demás, no solo el amor por la lectura, sino la avidez por inventar historias, primero en la cabeza, después en el papel. Entonces siento que, de alguna manera, hay una especie de doble retorno al principio: la historia vuelve al origen y yo vuelvo a mi origen como lectora, como persona que empieza a descubrir la fecundidad de la imaginación.

— ¿Recordás qué es lo que te fascinaba de estos relatos cuando eras una niña? ¿Y qué es lo que te fascina hoy como escritora como para volver a ellos desde la escritura?
— Bueno, hay algo de la perplejidad, de estar con la boca abierta escuchando un cuento sin saber qué va a suceder. Creo que cuando uno se inaugura como lectora, como lector, como niño o niña que escucha un cuento, está eso. Uno está ahí disponible para lo que sea que vaya a suceder en esa historia.
Y, por otra parte, hay algo muy fascinante de la explicación del mundo. Vivimos, creo yo, escribiendo, leyendo y escuchando cuentos que nos van explicando de manera no solo utilitaria para tratar de entender el mundo en el que vivimos, sino también como una manera de festejo y de celebración del mundo. Y creo que esta idea de la mitología, tanto griega como popular, de explicar por qué nace un río, por qué tal animal es tal animal, cómo se ejecutan las venganzas, cómo se ejecutan los actos de justicia me parece muy fascinante. Me sigue sorprendiendo y me sigue resultando fascinante encontrar maneras ficcionales de explicar el mundo. A veces, y no tan a veces, el mundo por sí solo con sus reglas más técnicas no termina de ser satisfactorio ni suficiente. Como no tenemos suficiente con el mundo real, necesitamos la imaginación.
— En estos modos de explicar el mundo que propone la mitología y también tu novela, aparece además de la maravilla y la celebración, la destrucción. ¿Es la violencia una parte constitutiva de todo origen, tanto en la historia de un pueblo como de la familia?
— Entiendo que en mi concepción del mundo y de la escritura y de cómo van resultando los personajes, la literatura es completamente constitutiva de todo. La violencia está no solo en el origen de la tierra, sino en el origen de la vida. El nacimiento es un acto que conlleva violencia y salvajismo. La fundación es un lugar para afrontar, hay que aplastar, hay que desplazar, hay que correr, hay que separar. El funcionamiento de las sociedades están todo el tiempo funcionando en términos de desplazamiento, de desigualdad, de redistribución, del espacio, del tiempo, de los bienes. Definitivamente, la violencia me parece una parte constitutiva en la vida y fundamental en la literatura para explicar los procesos, tratando de explicarlos de una manera lo más, no sé si ecuánime, pero lo más completa posible.
— También en este linaje de mujeres protagonistas de la novela aparecen los vínculos conflictivos. ¿Te interesaba explorar esa tensión entre el amor y la violencia entre mujeres?
— Me interesa mucho ese punto de tensión y me interesa mucho el conflicto, no tanto como objeto en sí, sino como elemento constitutivo también, como lo que decía recién. Me parece que enriquece los personajes y enriquece la visión del mundo tener esta posibilidad de ver los matices. El amor no en su abstracción y no en su idealización, sino el amor también con sus otras posibilidades: la mezquindad, la falta, el exceso, la rotura del amor, la completud del amor. Y sobre todo me interesa no como conflicto en sí, sino por lo que provoca. ¿De qué manera sobrevivimos en una tierra agresiva? ¿De qué manera un amor áspero o un amor escaso nos configura como personas y podemos sobrevivir en ese contexto? ¿Qué se hace con? Diría que la pregunta sería ¿qué hago con eso? ¿Qué hacemos con eso?

De Luca: “No sería esta persona que escribe si no hubiese vivido en el litoral”. Foto: Alejandro Guyot.
— Quisiera consultarte por la voz de la naturaleza. El viento, los insectos, los animales, las flores tienen voz. Es una “tierra que no quiere callarse”. ¿Por qué decidiste que fuera un personaje vivo que siente, habla y resiste frente a la invasión humana?
— Yo creo que, a lo largo de todos los años que vengo escribiendo, el territorio va ganando cada vez más fuerza, más personalidad y más ambición como personaje. Creo que la narrativa y un poco también este género –que no sé bien cuál es o en qué se inscribe lo que yo escribo– en que la naturaleza habla y se expresa, me permiten seguir dándole cuerpo a esta idea del territorio como un personaje más y no solo como contexto. Creo que tiene que ver con eso. El animismo de las cosas, es decir, que las cosas participen casi a un nivel coprotagónico en la novela y que interactúen con los personajes como si fuesen realmente seres vivos, seres con decisión, me parece muy interesante. Y me parece que tiene que ver con una búsqueda sobre la que casi no tengo decisión. Es como una búsqueda inconsciente de mi propia escritura.
“Estamos encorsetados y tratando de mantenernos dentro de la cultura casi con desesperación, como si fuéramos a caer en un abismo salvaje, sin reglas. Y creo que no hay nada más anómico y salvaje que lo humano”.
— ¿Y qué te posibilita abrir el juego a que la naturaleza sea entendida como un personaje más? ¿De qué manera trastoca la concepción de mundo occidental que ubica lo humano por encima de lo natural?
— Creo que hay, otra vez, un vínculo con los cuentos de hadas y con la infancia. Y creo que tiene que ver con cierta creencia personal, como si fuera mi propia mitología personal, acerca de la pequeñez de la cosa humana dentro de todo. No respecto de la naturaleza, sino como cierto descreimiento o desconfianza en la altanería humana. Pero no desde la idea de una tierra animista, como la Pachamama que se enoja, sino como una cuestión de separación en componentes: no podemos aplastar el agua, no podemos aplastar la tierra, no podemos aplastar a los animales. En cada una de esas especies o configuraciones naturales hay una voluntad. No es una voluntad animista, pero sí creo que tiene que ver con una capacidad de devolver una energía, como si tuvieran esa energía cinética, la energía que tiene una piedra. Nosotros podemos arrojar una piedra que sola no se arrojaría, pero que tiene mucha capacidad de hacer daño. Bueno, pienso lo mismo respecto del agua, respecto de la tierra. Me parece que también hay una cuestión muy de fondo que tiene que ver con cierta fe en la imaginación desbocada, y eso me pasa por leer muchos libros y muchos cuentos.

De Luca es autora de libros infantiles, reconocidos por Alija, Bologna Children Book Fair y la NY Public Library, entre otros.
— Tus personajes, además, atraviesan metamorfosis, por lo que se rompen aún más las fronteras que dividen lo humano, lo animal, lo vegetal.
— Exacto. Por supuesto, es hiperbólico y exagerado, porque no tenemos registro científico de que las mujeres, en algún momento, se hayan podido convertir en árboles. Pero sí hay algo metafórico en esa transformación: como una manera de mezclarse con la naturaleza, de salirse de la cultura. Al final, siempre estamos encorsetados y tratando de mantenernos dentro de la cultura casi con desesperación, como si fuéramos a caer de ahí, a caer en un abismo, un abismo salvaje, un abismo sin reglas. Y creo que no hay nada más anómico y salvaje que lo humano. Últimamente, sobre todo, eso se viene viendo cada vez más.
— ¿Y cómo fue el proceso para encontrar el modo de narrar y el tono de esta novela con rasgos fantásticos e hiperbólicos?
— Creo que tiene que ver con pasar mucho tiempo esbozando, escribiendo y volviendo a leer mucho. Yo tengo una clave de trabajo que me funciona y que fui aprendiendo con los años. Es lo que me funciona ahora; ojalá viva muchos años y pueda evaluarlo después, siendo una señora grande. Tiene que ver mucho con leer una y otra vez lo que escribo y tratar de prestarle atención al texto, quizá hasta deponer un poco las armas de la voluntad: decir “quiero que la historia avance por acá” o “voy a hacer que esto haga esto”, y estar atenta a lo que me va devolviendo el propio texto. Es esta idea de pelar el texto como si fuera una cebolla y tratar de ver las capas. Y, en esas capas, tratar de escuchar las historias que hay en cada una y ver si realmente lo que yo quiero escribir es lo más interesante, lo más importante o lo mejor que tiene para darme esa historia. Por supuesto, esto es una mirada completamente subjetiva, pero me parece interesante.
“El litoral nunca se fue de mí, nunca me dejó irme”.
También estuve muy influida por lecturas que empecé a hacer un poco antes, pero que me fueron acompañando, guiando y dando la idea y el deseo de poder pensar que yo podía escribir algo que tuviera una forma de fábula, que tuviera un mito de origen. Volví a leer cuentos populares rusos, volví a la mitología. Estuve leyendo mucho tiempo las Metamorfosis de Ovidio. Yo creo que no es inocente una como lectora que se va acompañando, se va arropando con textos, se va aprovechando de textos que, sin duda, apuntalan y hacen un poco de tutores de la escritura.
— Además, es una prosa muy sensorial, poética, musical por momentos. Invita a ser leída en voz alta. ¿Le das importancia a la sonoridad de las frases?
— Sí, le doy muchísima importancia. Me gusta, hay algo del resonar oral, aunque sea en voz baja o en silencio, de las palabras que me interesa mucho. Las palabras como unidades, no solo de sentido, sino también como unidades musicales, sonoras. No me da lo mismo para nada. Y creo que muchas veces hay un ritmo que se va construyendo a lo largo de los textos, de las escrituras, al que estoy muy atenta y que voy tratando de seguir. Así como cuando uno escucha una canción y, por ahí, hace el ritmo con la batería o va pensando en el motivo musical que sostienen los instrumentos, bueno, me va pasando un poco lo mismo con los textos.
— ¿De algún modo percibís que se filtra en tu manera de escribir el litoral argentino?
— Sí. Viví toda mi infancia ahí y creo que no sería esta persona que escribe si no hubiese vivido en el litoral, no solo por las experiencias vitales que tuve, sino también por la pregnancia de la naturaleza, del clima, de los insectos, de los animales, de las relaciones entre las personas, de la organización del tiempo y del espacio. Todo eso me configuró, sin duda. De hecho, me fui del litoral hace muchos años, más allá de que regreso habitualmente porque tengo familia, pero tengo la sensación de que el litoral nunca se fue de mí, nunca me dejó irme. Por más que llevo una veintena de años viviendo en Buenos Aires, que es una ciudad que se impone con todas sus cosas espectaculares y atroces, no puedo escribir de un ámbito urbano. Es como si ya hubiese solidificado en mí algo que ya no permite que llegue hasta acá, o sea, no llega hasta acá mi escritura, no llega hasta este acá y este ahora: se quedó ahí.
— Cuántos escritores del litoral tienen esa pregnancia de su tierra en su escritura. Pienso ahora, por ejemplo, en Selva Almada…
— Totalmente, Horacio Quiroga, Juan L. Ortiz, Juan José Saer y es así. Bueno, uno lee a Arlt y ve la ciudad, y leés a Gombrowicz, más allá de que era extranjero, pero ves a Buenos Aires. Hay algo que creo que tiene que ver con la conmoción y con lo que te transforma un paisaje, un contexto o un entorno, y un poco uno se queda ahí. Y ya está, sos el escritor que va a estar siempre escribiendo un poco ahí adentro. No me llevo para nada mal con eso, me gusta.

Las tres novelas publicadas por Luciana De Luca.
— ¿Qué preocupaciones o preguntas reconocés como recurrentes en tu obra después de haber publicado tres novelas?
—Bueno, creo que los vínculos familiares son una enorme preocupación, y también la cuestión del afecto y las relaciones entre las familias. La organización social me interesa mucho y, sin duda, no escapo a la cuestión de género: el lugar de las mujeres y de las feminidades dentro de la sociedad me interesa mucho. Me interesa mucho como pregunta, no tanto como una búsqueda de respuestas. Creo que cada personaje de mujer es una pregunta sobre el lugar de la mujer en esa sociedad; es tratar de verlo desde todos los lugares que pueda llegar a ver, que, por supuesto, no son todos, sino absolutamente limitados. Y también me interesa mucho la génesis de las cosas, el relato de origen, y preguntarse: ¿esto es el resultado de qué? Establecer una especie de linaje e ir recorriendo los eslabones hacia atrás. Eso creo que está en las tres novelas y seguramente va a seguir estando en todas las otras, porque es algo de lo que tampoco me puedo escapar.
— ¿Y cuál fue la primera pregunta que te hiciste antes de escribir este libro? ¿Sentís que, de algún modo, la respondiste o que las certezas que tenías se volvieron a poner en duda?
— Creo que las certezas no las respondo. No siento que yo las responda ni que se las respondan los lectores. Creo que, en todo caso, lo mejor que puede pasar es que haya más preguntas. La primera pregunta tuvo que ver con algo que viene de la mitología y que, de algún modo, sentí que propiciaba el origen de Pez, piedra, pájaro. Es este enigma de la esfinge que dice cuál es el animal que por la mañana camina en cuatro patas, por la tarde en dos y por la noche en tres, que es, obviamente, el ser humano. Y entonces, ese paralelo con Pez, piedra, pájaro, que son como tres estados de un ser humano, en este caso de un hijo, me llevó a preguntarme qué es lo que encierra y qué necesita cada uno de esos estados. Fue, creo, la gran pregunta: cómo es un hijo cuando nace, cómo es un hijo cuando crece y cómo es un hijo cuando ya deja de ser un hijo solamente y pasa a ser otra cosa. Creo que esa es la gran pregunta que me motivó. Y creo que es también la gran pregunta que no solo no sé cómo responder, sino que creo que me aterró tanto que tuve que escribir todo lo anterior para encontrarla.
Lo más visto hoy
- 1Se presentaron siete ofertas para la demolición de la galería de granos del Puerto « Diario La Capital de Mar del Plata
- 2El marplatense Durante atajó tres penales y River clasificó a la final de la Messi Cup « Diario La Capital de Mar del Plata
- 3Cómo estará el clima este domingo en Mar del Plata « Diario La Capital de Mar del Plata
- 4La Patrulla Municipal realizó 214 disparos con armas no letales contra una caravana de motos « Diario La Capital de Mar del Plata
- 5Lali y Pedro se casaron este sábado rodeados de amigos y en una ceremonia sencilla « Diario La Capital de Mar del Plata
