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Cultura 11 de mayo de 2019

María Fernanda Heredia: “La literatura me da suficientes recursos para hablar del horror”

María Fernanda Heredia.

La ecuatoriana María Fernanda Heredia, best seller de obras infantiles y juveniles con las que busca llegar a la memoria y a la piel de los lectores, pasó por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde abordó los desafíos actuales de la literatura para hablar sobre el abuso, la muerte y el desarraigo.

Autora de “La lluvia sabe por qué” y “Cuando despierte el viento” -de editorial Norma-, Heredia hace eje en mundos que tienen como protagonistas a niños y adolescentes que sufren abandono, son víctimas de acoso o sobreviven con el peso de haber perdido a sus familiares más queridos.

La autora, que nació en Quito pero hace diez años vive en Perú, habló con Télam sobre su obra y el vínculo con los lectores. “Me leen desde algún lugar del dolor, la violencia, la soledad, la precariedad”, manifestó.

– En “Cuando despierte el viento” se aborda el abuso, la violación y la muerte ¿Cómo trabaja para escribir esos temas tan dolorosos?

– Estoy convencida de que la literatura me da suficientes recursos para hablar del horror. No me freno a la hora de tocar un tema que creo que es necesario. Hace años leí una noticia sobre una joven que fue violada por un par de “amigos”. Los denunció y luchó por muchos años junto a sus padres para hacer justicia y finalmente la Justicia le dio la espalda. Entonces decidió quitarse del medio. No tengo hijos, pero mi trabajo consiste en hablar todos los días con los niños, con quienes se abre un espacio de una confianza muy grande. Trabajo para que la literatura me de palabras y recursos para que el horror sea contado incluso con amor y con alguna sutileza.

– El tema del abandono aparece en “La lluvia sabe por qué”, a partir de una madre que se va del país y deja a su hijo al cuidado de su hermana y su cuñado ¿De dónde surgió ese tema?

– En 1999 Ecuador se vino abajo con la crisis bancaria: un día nos despertamos y los banqueros se habían ido del país con el dinero de los depositantes. La situación fue tan tremenda que provocó el mayor éxodo de migración, sobre todo del campesino ecuatoriano, del joven que no vio mas opciones. Los pueblos y ciudades se quedaron solo con mujeres y niños y luego se fueron también las mujeres: se transformó la sociedad y el concepto de familia tradicional y los niños pasaron a estar bajo el cuidado de los tíos, abuelos o de un hermano mayor que se hacía cargo de los hermanos más pequeños. Fue una inmigración brutal en la que se fueron 400.000 ecuatorianos. Hoy, el mundo entero está afectado por estos desplazamientos angustiosos, por eso creo que hay temas que no se circunscriben a un momento, siguen dando vueltas. A veces me gustaría decirle a los chicos: esto ya pasó, ya es historia, pero mira que no, sigue ahí.

– El abuso es otro de los temas que aborda ¿Busca que sus libros sean una forma de respuesta a esa compleja realidad ?

– Cuando llegué a Perú leí que seis de cada diez niñas eran abusadas sexualmente y me pareció inaudito que cada uno de nosotros no estuviera haciendo algo con todo esto. Como lectora solo le he pedido a la literatura que me acompañe y me dé un buen rato, pero nunca que me enseñe nada. Pienso que los niños, niñas y jóvenes que me leen están de alguna manera descubriendo la vida y no estaría mal que la literatura además encendiera luces, transmitiera unas claves al menos, por si en la vida real se encuentran con un monstruo, para reconocerlo, para que no se sientan solos, para que sepa que hay rutas de escape.

– La realidad de las infancias ha cambiado y también la literatura tuvo que adaptarse a estas transformaciones.

– Cuando era chica los monstruos aparecían en los libros de una manera fantasiosa como gigantes de dos cabezas y garras, pero ahora el monstruo vive en la misma casa que ese niño, niña o adolescente, o en la escuela: el monstruo es el vecino, el tío o el docente, y muchas veces inclusive es absolutamente amable. En Bogotá, a donde estuve hace poco participando de la Feria del Libro, una maestra me decía que su hija y sus compañeros habían sido víctimas de abuso de un maestro bonachón al que todos los niños defendían. Entonces hay que hablar en todas partes, todo el tiempo que sea posible.

– ¿Por qué el tema del bullying está tan presente en sus novelas, fundamentalmente en el ámbito escolar?

– Desde pequeña siempre estuve del lado de los frágiles, del lado de los que queríamos pasar desapercibidos para que no nos cayeran encima y no siempre lo logré, por eso en mis libros los protagonistas no son ni los más populares, ni los más fuertes. Prefiero escribir sobre los otros a los que conozco mejor, que son mayoría en un salón de clases y me duelen enormemente. Creo que tengo responsabilidad como escritora y ciudadana de poner al monstruo en evidencia y decir: si necesitás ayuda, gritá.