La Capital - Logo

× El País El Mundo Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Cultura 10 de febrero de 2016

“Mi desafío es hacer libros que no sean olvidables”

Representante de la literatura romántica contemporánea, la marplatense Laura G. Miranda construyó una novela que toma problemáticas vigentes.

por Paola Galano

En “Volver del abismo”, la escritora marplatense Laura G. Miranda entrelaza la historia de dos familias, una adinerada, la otra no, cuyos caminos se terminan fusionando. Ambientada en Mendoza, entre viñedos y pueblos cordilleranos y con pasajes que transcurre también en Barcelona, España, la ficción recurre a problemáticas actuales, como la violencia de género, para erigirse en el terreno de la narración romántica contemporánea, una variante a las novelas que siembran el amor en épocas históricas.
“Mi desafío es hacer libros que no sean olvidables”, señala, contundente, la escritora, que es abogada y debutó en el campo de la literatura con su primer libro, “Amuleto contra el vacío”, que editó Vergara tal como ésta nueva ficción.
Detrás de Solana y Octavio, los protagonistas, aparecen con fuerza los personajes de las madres, los hermanos, los padres intempestivos y una serie de acontecimientos que nutren la narración: abandonos, rupturas y peleas en los lazos cercanos y una necesidad de volver a empezar`, más allá de la adversidad.
“Me interesa que mis libros construyan una alianza con la realidad”, indica la autora, que por estas horas trabaja en su tercera novela.
– Un tema central es el de la maternidad, ponés la lupa en el tema de la maternidad y desarrollás dos modelos diferentes de madres: la que hace todo por sus hijos (Victoria) y que siente que alcanzo la felicidad con ellos y la que los ama pero no los defiende y siente culpa por eso (Salvadora). ¿Por qué ese abordaje?
– Trabajé estos personales de “Volver del Abismo” con gran profundidad con la firme convicción de que ambos son absolutamente reales. Trato de no sobrevaluar a mis protagonistas, cualquiera que lea mis obras puede hallarse en ellas. Son madres que han concebido la relación con sus hijos desde los extremos y que a lo largo de la novela muestran desde el intenso sentir o desde la indiferencia que ser madre es algo que ha cambiado sus vidas. Nadie escapa a las redes de este rol que se proyecta hacia el pasado y hacia el futuro con igual complejidad, provocando las consecuencias del presente. Creo que lo abordé porque me sigo asombrando con ambos modelos para bien y para mal.
– ¿Qué tan trascendente fue la maternidad para vos, como es tu experiencia en este terreno?
– Ser madre, es sin duda alguna, lo mejor que me ha sucedido en la vida. Es el rol que ocupo a perpetuidad, creo que cuando no esté en este mundo seguiré cuidando sus almas. Para mí todo es por y para mis hijos. Mi experiencia en este terreno me indica que hay un antes y un después de la maternidad. Uno entiende los máximos y pasa de la felicidad y el orgullo a la preocupación y la incertidumbre, para reiniciar el ciclo de ser feliz otra vez y cada vez, con solo verlos sonreír.
– Otro tema que recorre el libro es el de la violencia de género: Lucio Noriega, uno de los personajes, trata muy mal a Salvadora y ella acepta ese maltrato, ¿por qué creés lo hace?
– He pensado mucho en las mujeres que atraviesan este problema y he leído sobre las razones por las que toleran, resisten y callan. Creo que están encadenadas a una debilidad que tiene diferentes causas y que todas ellas son víctimas de una baja autoestima, no se creen capaces de poner fin al tormento. La novela pretende señalar una situación extrema y su salida. He cuidado mucho el proceso, con el personaje de Salvadora (y con todos), no hay soluciones mágicas, todo lo que pasa en la ficción como en la realidad, es el resultado de la suma de acciones a través del tiempo.
– Sabemos que el tema de la violencia de género está instalado en la agenda pública: la marcha Ni una menos expuso el tema de los femicidios y el de la violencia doméstica. Estás haciendo ficción con un tema del que se habla mucho. ¿Te interesa que el libro despierte a alguna lectora que está viviendo una situación semejante?
– Si, definitivamente, el libro es un comunicador. Si bien es ficción, todo el tiempo quiero escribir historias que puedan ser verdad y un final esperanzador para las mismas, cualquiera que sea la problemática abordada, porque eso es la vida para mí, un continuo desafío para vencer la adversidad y disfrutar el tiempo que nos enfrenta.
– En este sentido ¿te parece que un libro de ficción, que una historia romántica que acaso se lee por entretenimiento, por diversión, debe tomar posición, bajar línea sobre algún aspecto de la realidad?
– No diría bajar línea, más bien dejar alguna reflexión inteligente sobre las cuestiones planteadas y la idea de que es posible volver de todo aquello que, en algún momento, amenaza con quedarse con nuestras fuerzas. Finales que alienten a sentir que siempre hay una salida para toda dificultad.
– ¿Te interesa hacer una literatura comprometida con algún aspecto de la realidad?
– Sí. Me interesa que mis libros construyan una alianza con la realidad, que ficcionalicen temas que pueden pasarle a cualquiera. Creo que las historias que solo ocurren en los libros, subestiman al lector o a la lectora. Hoy, las mujeres sobre todo, son las heroínas de cada día, como podés ser vos o cualquier madre, mujer, amiga, amante que en sus múltiples roles enfrenta la vida a diario. Escribir es para mí un placer infinito pero es también un compromiso en todo sentido. Tengo la responsabilidad de escribir libros que, puedan gustar o no, pero que sean objetivamente buenas historias, se lo debo a mis lectoras y me lo prometí a mí misma. Mi desafío es que no sean libros olvidables.
– ¿Cuánto de autorreferencialidad tienen tus textos, qué tan autorreferenciales son, cuánto de tu propia biografia tienen?
– En realidad yo soy todos mis personajes y ninguno de ellos. Las historias son enteramente ficción, salvo la de Sara Madison en “Volver del Abismo” que reflejó una vivencia de mi hija. La cuestión es que mi modo de sentir y de concebir las situaciones se filtra en lo que escribo sin ser autoreferencial, esto es sin que me haya sucedido. Son los sentimientos los que definen la manera en que algo de mí se queda en mis textos. De esa manera, podría entre líneas estar contando a través de mis historias un poco de cómo es y siente Laura G. Miranda.