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Cultura 16 de junio de 2019

¿Por qué las víboras muerden?

por José Santos

El maletín de terciopelo azul significa un escenario completo. El verdugo, el traidor y el sable hambriento de carótida. Umberto camina entre velas mientras recibe respetos de los comandantes de Ferreira de México, Couvin de Cali. Se detiene para saludar a Muqqadasi, quizá porque verlo tan digno en su silla de rueda, sea algo que ahora le genere empatía.

Estar en la Empresa significa apostarlo todo, por todo. Es como el color en la ruleta. Rojo o negro. Ganas o pierdes. Vives o mueres. Un desacato, un código violado o mínima traición tiene un único precio. La vida. Si no te cobras la vida del traidor en la primera, el traidor se quedará con la tuya en la segunda, le susurra Umberto a Muqqadasi, quien asiente con su cabeza. ¿La clave entonces? Adelantarse. ¿Cómo? Con paranoia. Mucha. Tanto que nunca es suficiente.

Big Boss invita a un brindis por la memoria del suicida, Miguel Angel. En el mismo acto, informa la nueva Ley Mayor, el próximo Señor Dos, es Ticher Huaman. Los presentes ocultan su sorpresa pero todos aprueban con entusiasmo inflado. Todos excepto Augusto Valdivia y Betty Blue. Ambos quedan decepcionados. Umberto le indica a Huaman que exponga su plan. El nuevo Señor Dos, se pone de pie. A sus 51 años, su aspecto es pulcro y sobrio. Detalla la nueva era de negocios.

– Necesitamos incorporarnos a una economía limpia, para tener futuro. Esa es una verdad absoluta, por ahora… Más aquí o más allá, las drogas serán legalizadas. Hay que prepararse para ese desagradable momento.

El Big Boss toma la palabra. -¡Crecimos tanto que ya no tenemos enemigos! ¡Es una vergüenza! Si miramos para atrás, y aquí tenemos a un profesor de Historia, sabrán que todas las cruzadas fallan. El Big Boss sigue con su diatriba: -¡Las drogas serán legales! Pasó con los libros, con el alcohol, con los sodomitas y las religiones. Usa frases cortas para mantener el aliento.

– El nuevo desafío es el lavar nuestras ganancias. La Sunat, la DEA, BZS, están detrás. Para blanquear bien potenciaremos la alianza con Morando Investement.

– ¡En las Bahamas fundaremos nuestro banco!

– No alcanza con traficar drogas. Cualquier idiota lo hace. Es vender agua en el desierto. Sin embargo, en el desierto… –Umberto hace una pausa- hay escorpiones y víboras.

Valdivia cuenta entonces, la fábula en la que un monje socorre a una serpiente herida y a los pocos días de repuesta, la misma víbora le muerde fatalmente su mano. Antes de morir el monje la perdona, porque su naturaleza es ayudar y la naturaleza de la serpiente morder.

– Pero yo no soy monje. Mi naturaleza… es cortar cabezas de serpientes.

Todos quedan expectantes y tensos. Saben que están ante otro momento memorable.

– Las radiaciones atacan mi cuerpo. Sufro un maleficio sádico. –frunce los labios y agrega: -Lo bueno es que aquí mismito, está la víbora traidora que me hizo el embrujo.

Umberto inicia su ritual de Condena de Guillotina. Consiste en mirar fijo a los ojos, durante unos segundos, a cada uno de los comandantes. De sus gestos o actitudes o las palabras, resuelve su dictamen inapelable. La ronda comienza con su propio hermano. Lo mira un instante y luego levanta su mentón, en un mínimo movimiento, que es una invitación a que haga su descargo. Augusto es codicioso, pero siente veneración por su hermano mayor.

Adicto a la heroína, 38 años, delgado, ojos verdes claros, musculoso y de buen porte, es la belleza masculina al máximo exponente. Conoce el ritual. Sonriendo dice: -Conmigo no crecen víboras, las aplasto cuando son huevos.
Umberto lo aprueba. Repite la táctica con Muqqadasi, con el comandante de Veracruz, hasta que llega el turno de Betty Blue. Nadie sabe los años que tiene Betty Blue, ni de dónde vino ni adónde va. Dispone de su belleza o las de sus bailarinas, de sus guardaespaldas o de la policía, para conseguir lo que se propone. Y lo consigue todo. Hábil manipuladora, enferma del poder, vanidosa o inteligencia demencial, son descripciones de quienes la envidian o quienes la padecen. Amante de Big Boss pero de eso, ella nunca habla. Ahora, contesta: -Antes de morderte, me arrancaría los dientes.

Una copa vibra sobre la mesa, entonces, el Big Boss presta atención a la copa que vibra. Es de Frodevuax, comandante de Ibiza y la Costa del Sol. El Big Boss camina hacia Frodevuax, que contesta: -No me atrevería jamás a una brujería. –Umberto menea su cabeza. No fue una buena respuesta. Lo mira un instante eterno. Le dice: -No te atreverías… No quiero tu miedo, quiero tu respeto. Y tú, ya no me respetas, te crees el Gran Hombre Europeo.

¿Sabes porque las víboras muerden? Por miedosas.

El Mudo Rocosso avanza con pasos firmes y le ofrece la katana. Umberto la toma con ambas manos, mientras le pregunta: -¿Visitaste el vudú para hacerme esta maldición?

Frodevuax desesperado lo niega. Y Umberto de un solo sablazo secciona el cuello de Frodevuax. Lo hace con tanto profesionalismo y precisión que lacera vértebra, carótidas y tráquea.

– Pues que no te creo. Dice, y antes que la mancha se esparza, los Rocosso arrastran la silla con el cuerpo degollado de Frodevuax. Todos ignoran al muerto. Observan a Umberto que bebe morfina, esperando su próximo movimiento. Pero el Big Boss presta atención a Huaman que impasible, permanece sentado. Pregunta: -Te pedí que investigaras la víbora que me hizo este amarre vudú… ¿era Frodevuax o acaso es otro?

Al unísono, todos contienen el aliento. Ticher Huaman contesta: -El traidor era Frodevuax.

Sobrevienen gritos y risas en el salón entero. Big Boss agita su puño: – ¡No dejé que me lo digas, porque mi corazonada no falla!– El alivio generalizado sobrevuela a los comandantes. El ánimo se recompone de inmediato y vuelve el merengue, el champagne y los tacos. – Acumulemos bancos, no muertos, quiere el Señor Dos- Grita y alienta a su Ticher Huaman a que se explaye. Huaman advierte: -A los políticos los muertos les generan pánico, pero el dinero los excita. Da su primer orden: -Se acabó la violencia, no más diarios ni televisión ni policía detrás nuestro.

Todos aplauden. La distención sirve para que los comandantes feliciten y den sus respetos al nuevo Señor Dos. El último es Augusto, le susurra: -Naciste para ser segundo. En cambio, Betty Blue, ni siquiera lo saluda.

Antes de retirarse del cabaret, Umberto encuentra a Huaman reconcentrado. Cuando se despide, le murmura en su oído: -La vida nunca es fácil, pero puede ser hermosa. No la desaproveches.



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