Vinilo, el sello que apuesta por lo analógico con libros pequeños para leer de un tirón
Antes de su participación en la Feria Invierno, su directora, Joana D'Alessio, repasa la historia de este proyecto que publica no ficción en volúmenes de gran atractivo visual. "En una época en que la cultura está siendo literalmente atacada", celebra los espacios de encuentro alrededor de los libros porque "nos alimentan y nos dan felicidad".
Los libros de Vinilo son pequeños, con diseños muy cuidados y "funcionan como cortes, como una canción", definen desde la editorial.
Por Rocío Ibarlucía
En una época en que la lectura compite con las pantallas y la sobrecarga de estímulos visuales, Vinilo Editora encontró una manera de reconectar a las personas con los libros. En principio, porque llaman la atención en un primer golpe de vista. Son tan pequeños, de apenas 12 por 17 centímetros, que caben en una mano. Sus tapas tienen fondo negro con letras y dibujos fluorescentes y detalles en relieve que invitan a pasar los dedos sobre la superficie. Por su brevedad invitan a leerlos de un tirón, pero también a detenerse a apreciar el objeto: son libros para tocar, subrayar, regalar y hasta coleccionar.
No es casual que la editorial lleve el nombre de un soporte analógico. Hay algo del acto de sacar un disco de su funda, apoyar la púa y entregarse a la escucha que se asemeja a la experiencia de lectura de estos libros.
Fundada en Buenos Aires en 2021 por Joana D’Alessio junto al editor Mauro Libertella, Vinilo nació con dos premisas: crear libros-objeto cuidadosamente diseñados y publicar “no ficción creativa”.
Diarios, ensayos, crónicas, cartas, autobiografías y otras formas híbridas integran un catálogo cuyos textos no abandonan los recursos de la ficción. El proyecto comenzó con la publicación de “Parte de la felicidad”, de Dolores Gil; “Negro casi azul”, de Paula Mariasch; y “Cómo falsificar una sombra”, de Matías Serra Bradford. Cinco años después, reúne decenas de inéditos, reediciones y traducciones, tanto de autores consagrados como de nuevas voces. Juan Villoro, Tamara Tenenbaum, Nadine Lifschitz, Lila Bendersky, Lucila Gurmán y Natalia Kiako son algunos de los nombres que integran una propuesta diversa en temas y estilos, unida por una misma convicción: que la calidad literaria pueda ir de la mano con la brevedad y la belleza de las ediciones.
Joana D’Alessio llegará este fin de semana a Mar del Plata para participar de la Feria Invierno de Editoriales y Cultura Gráfica, donde Vinilo formará parte de las más de 140 editoriales presentes. Además, este viernes a las 19 brindará una charla abierta sobre el sello y su libro “Pequeño tratado sobre la amistad” en Espacio Fray (Mitre 1836), y el sábado a las 20 acompañará la presentación de “Introducción a la amistad”, de Matías Moscardi y Andrés Gallina, uno de los lanzamientos más recientes de la editorial, en la Sala Nácar del Teatro Auditorium.
Antes de su visita, la directora editorial conversó con LA CAPITAL sobre la historia de Vinilo y los desafíos de editar en un contexto de inestabilidad económica.

Joana D´Alessió creó su primer proyecto editorial propio, Ralenti, junto a Violeta Noetinger en 2018.
Del cine a los libros
Joana D’Alessio trabajó durante años en el mundo audiovisual antes de convertirse en editora. Nacida en San Pablo, Brasil, en 1977 y formada como realizadora cinematográfica en la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, en Buenos Aires), participó en producciones de cine, televisión y publicidad. Sin embargo, un proceso más íntimo terminaría acercándola a la literatura: primero, como escritora –publicó la novela “Alguien a quien contarle todo” y el libro “Pequeño tratado sobre la amistad”– y, después, como creadora de proyectos editoriales.
—¿Cuándo y cómo aparece tu interés por los libros y, luego, por fundar una editorial?
—Mi mamá era muy lectora y en mi casa la biblioteca era la reina de la casa, la gran protagonista, así que siempre leí mucho. Pero también me gustaba el cine, por eso estudié realización cinematográfica y trabajé en producción durante mucho tiempo. Y el año 2010 es un hito, porque nacieron mis hijas, mellizas. De alguna manera, viéndolo desde el presente, entiendo que ese acontecimiento produjo un movimiento tectónico en mi emocionalidad y en mi relación con el mundo y con la vida, en mi forma de sentir y de observar. A medida que empezaron a adquirir lenguaje, fui anotando diálogos entre ellas. Me acuerdo que se los mandaba por mail a mi papá o escribía entraditas en Facebook. Esa alucinación que yo estaba teniendo al ver a mis hijas crecer, creo que derivó en un deseo de escritura. Entonces hice todos los talleres de escritura que había en Buenos Aires. Y empecé a escribir cuentos y después publiqué una novela. Todo este proceso me agarra en el 2019.
Ahí pensé: yo quiero estar más cerca de los libros. Pero no me imaginaba qué podía hacer ni que fuera escribiendo. Entonces, investigué y pregunté a mucha gente y llegué a la conclusión lógica de fundar un editorial infantil, un poco derivado de la maternidad. Para ese momento mis hijas ya tendrían 6, 7 años, y pensaba cómo iban a crecer en un mundo que ya empezaba a estar, no tan fuerte como hoy, pero gobernado por el mundo digital. Bueno, 2010 es el año que aparece el iPhone que saca fotos, videos y selfies. Es un quiebre en la cultura, por tener todo el tiempo en la mano un teléfono que te comunica con todos lados, y que reproduce en vivo la vida que tenés. A mí me preocupaba cómo iba a ser el futuro.
—¿De esa preocupación nace Ralenti?
—Claro, la editorial infantil, que se llama Ralenti, reunía la posibilidad de estar cerca de los libros, de tener un proyecto editorial, de seguir vinculándome con mis hijas desde ese lugar, y más allá de mi experiencia, de responder a la época desde un lugar que a mí me parecía que podía ser interesante o valioso. En 2020 empieza la pandemia y todos mis proyectos de cine quedan parados, pero las imprentas seguían abiertas, porque fabricaban las cajas de los medicamentos. Entonces pudimos seguir haciendo libros. Otra cosa que pasó es que las librerías de barrio empezaron a repartir libros en bicicleta, caminando, y se mantuvieron abiertas, en contacto con los lectores, y la gente también quería leer más. En esa época aumentaron las ventas. La editorial creció, creció, creció y se llevó puesto mi proyecto de cine. Y después todo eso derivó más adelante en el deseo de hacer Vinilo.
—Ralenti, entonces, es un proyecto que responde a una época atravesada por la hiperconectividad y la aparición de los smartphones. ¿Vinilo también vino a responder a estos síntomas de la época?
—A ver, Vinilo es muy raro, porque yo no lo pensé desde ese lugar. Después de Ralenti, entendía que si iba a hacer otro sello, tenía que darle una característica muy clara, es decir, armar una marca. Y yo tenía un gusto personal por la no ficción y tenía un gusto personal por los libros-objetos. Esos son los dos pilares de Vinilo. En ese momento no había acá otra editorial que trabajara tan claramente con la no ficción, o al menos yo no la conocía. Y se me ocurrió que podían ser libros pequeños, y con un trabajo de diseño especial que los volviera coleccionables, por esta sensación de que son lindos, los querés tener todos juntos porque se parecen. También queríamos que fueran para leer en una sentada, de un tirón.
Entonces, no era una respuesta a la época consciente. Visto ahora, pienso que capaz que sí. Porque en septiembre del 2021 salimos con los primeros libros, cuando estábamos todavía rearmándonos después de la pandemia. Y la cosa de la brevedad funcionó. Justo ayer escuchaba una entrevista de alguien que hablaba de la satisfacción que te genera poder empezar el libro y terminarlo, y con Vinilo sucede que no te agobia, que funciona para regalar, para gente no tan lectora. Y a mí eso me gusta. Yo estoy orgullosa de que me digan “me cuesta un montón terminar un libro y pude terminarlo” o “le regalé un libro de Vinilo a mi mamá que no lee nunca y lo leyó”.

La no ficción como identidad
—¿Qué significa para ustedes “no ficción creativa”? Porque, por un lado, son diarios, ensayos, crónicas, cartas, literatura del yo, pero tienen una cuota de ficción.
—Cuando empezamos con el sello me tomaba muy en serio la idea de la no ficción. Sé que existen muchos abordajes, pero siempre me interesó asumir un compromiso con lo que contamos y cómo nos ubicamos. También era una manera de darle una identidad a Vinilo.
Cuando un autor me manda un manuscrito, lo primero que pregunto es si es no ficción, porque no publicamos novelas. Aunque, dicho esto, también podría contradecirme: desde el momento en que uno escribe ya está haciendo una operación sobre la realidad, y es muy difícil determinar dónde empieza y dónde termina la ficción.
La idea de la no ficción creativa surgió porque el término “no ficción” lleva implícita una negación y nos hacía dudar de si es una forma linda de llamar al género. Agregarle “creativa” lo ablanda un poco y, al mismo tiempo, remite a la idea de escribir no ficción utilizando todas las herramientas de la ficción: diálogos, escenas, climas, recuerdos y sensaciones.
Es un quilombo, porque las fronteras entre ficción y no ficción nunca son del todo claras. Pero nos sirve para posicionarnos y construir un catálogo con identidad. A veces me dicen “leí la novela de Dolores Gil”, que es el primer libro de la editorial, “Parte de la felicidad”, y a mí me parece hermoso que la gente lo perciba como una novela y no tengo ninguna necesidad de aclarar nada, pero desde nuestro lugar de editores, cuando estamos trabajando, estamos pensando en la no ficción y también estamos pensando en distintos subgéneros dentro de la no ficción. Por ejemplo, trabajamos con libros de cartas –ya publicamos dos y estamos preparando un tercero–, con textos autobiográficos, ensayos y proyectos colectivos, como “El libro sobre las fobias”, en el que varios autores escriben sobre un mismo tema.
—Ese libro forma parte de una colección que convoca a distintos autores para que escriban sobre un tema, ¿no?
—Claro, una vez por año hacemos un libro escrito por varios autores alrededor de un tema. Esta colección se llama Sencillos, siguiendo con el juego de palabras musicales. Primero, fue “El libro de las diatribas” y después vinieron “El libro de los elogios”, “El libro de las fobias”, “El libro de las adicciones” y ahora en la FED (N. d. R.: Feria de Editores, que se realizará del 6 al 9 de agosto en Buenos Aires), esto es primicia, va a salir “El libro de los papelones”, siempre buscando distintos ángulos.

Los libros de la colección Sencillos.
—¿Cómo eligen el tema sobre el cual hablar cada año? ¿Se basan en lo que está pasando en el afuera o van a buscar nuevos temas?
—Hay mucho de eso. Para esta colección, nosotros pensamos el tema y después qué autores podrían escribir sobre eso, y les proponemos muy concretamente que lo aborden. Los temas vienen de distintos lados. Yo estoy siempre atenta a qué es lo que creo que a la gente le está interesando o le va a interesar, porque uno tiene que trabajar casi para el futuro, con todo el tiempo que lleva hacer un libro.
Si yo me pongo a hacer un libro de un tema del que todo el mundo está hablando hoy, es probable que dentro de seis meses o un año, cuando lo tenga, a nadie le interese. Entonces vos no podés subirte al trending topic. Tenés que estar pensando en eso que está vibrando por debajo y va a ser probablemente de acá al futuro un tema que a la gente le pueda interesar.
Para eso siempre estoy atenta a las redes, a conversaciones, a personas que me interesa cómo piensan, leyéndolas, escuchándolas. Otra cosa que hacemos es hablar con libreros, les pregunto qué pide la gente, escuchamos a nuestros lectores, a nuestro distribuidor que es Big Sur. Muchas ideas surgen de preguntar qué busca o qué pide la gente.
Y después, otra cosa que nos guía es tratar siempre de dar una diversidad dentro de lo que es nuestro perfil editorial. Por ejemplo, si “El libro de las fobias” o “El libro de las adicciones” invitaban a trabajar desde la reflexión, “Papelones” invita a contar más una historia con humor, desde otro lugar. Siempre estamos pensando en cómo no repetirnos.

“El desafío hoy es poner más el cuerpo y salir de la oficina”, dice Joana D’Alessio a LA CAPITAL. Foto: Alejandra López.
El teatro entra en escena
La inquietud de Vinilo de abrirse hacia nuevos territorios y apostar por la diversidad encontró recientemente una nueva deriva: la dramaturgia. En asociación con Teatro Futuro, el sello lanzó la colección Programa de Mano, dedicada a publicar obras teatrales contemporáneas acompañadas por materiales inéditos que amplían la experiencia de lectura.
La colección debuta con tres títulos de autores centrales de la escena argentina actual: “La vida extraordinaria”, de Mariano Tenconi Blanco, con prólogo de las actrices Valeria Lois y Lorena Vega; “La fuerza de la gravedad”, de Martín Flores Cárdenas, con prólogo de Laura López Moyano; y “La mujer puerca”, de Santiago Loza, con prólogo de Lisandro Rodríguez y un epílogo del propio autor.

Uno de los lanzamiento de la colección Programa de Mano.
—¿Cómo surgió la idea de sumar una colección de dramaturgia?
—Surgió de un libro de Vinilo que se llama “Carrera de fondo”, de Nadine Lifschitz, que se llevó a la escena. Ahora es una obra de teatro que está dirigiendo Mariana Chahoud, protagonizada por Julieta Zylberberg y Gadiel Sztryk y que se puede ver en el Teatro Picadero de Buenos Aires. Mariana trabajó en la adaptación del libro a la obra.
—Y ahora hacen el movimiento inverso y llevan obras teatrales al papel. ¿Qué los impulsó a publicar dramaturgia?
—Creo que en Argentina y especialmente en Buenos Aires el teatro es muy pujante. En esta época en que la cultura está siendo literalmente atacada, persisten las librerías, las editoriales independientes, el teatro. Bueno, las librerías están atravesando esta crisis con mucho sufrimiento. Está habiendo problemas en las cadenas de pago porque las ventas bajaron y porque es un contexto muy complejo. Pero igual, a pesar de todo, estamos haciendo. Entonces, a mí me parecía que era lindo acercarnos al mundo del teatro porque, en principio, el teatro y la literatura son la misma familia. En los hechos van a veces por carriles separados y la idea era trasladar un lugar a otro, ponerlos a dialogar. Te diría algo medio cursi pero buscamos hacer fuerza juntos, seguir existiendo y seguir produciendo e ir para adelante y sumarnos unos a los otros.
“En esta época en que la cultura está siendo literalmente atacada, persisten las librerías, las editoriales independientes y el teatro”.
Editar en tiempos difíciles
Vinilo es una de las 140 editoriales que participará de la quinta edición de la Feria Invierno, que se realizará este sábado y domingo en el Teatro Auditorium, de 14 a 21, con entrada libre y gratuita (leer más información acá). Para los sellos independientes, estos encuentros representan una oportunidad para acercar sus catálogos a nuevos lectores y fortalecer la circulación de sus libros en un contexto marcado por la caída del consumo, el aumento de los costos y las dificultades que atraviesan distintos eslabones de la cadena editorial.
—¿Cómo se sostiene un proyecto como Vinilo en este escenario?
—Bueno, ¿qué decirte? La verdad es que nosotros tenemos también a Ralenti, que tiene más años, más títulos y libros infantiles que tienen una característica: si les va bien, se siguen vendiendo. Como el público se renueva y los libreros los siguen recomendando, son libros que permanecen. Eso nos dio este año una capacidad de apoyo importante. Aun así, febrero y marzo fueron meses bastante complicados.
Entonces estamos tratando de hacer todo lo posible para contrarrestar esta época. Es un momento de poner mucho el cuerpo: estar en el territorio, cerca de las librerías, ir a las ferias, viajar a todos lados, acompañar los libros. Por eso, si surge una presentación, un viaje o una actividad, tratamos de estar. Mar del Plata también tiene que ver con eso.
Además, vamos a presentar “Introducción a la amistad“, de Matías Moscardi y Andrés Gallina. Hablábamos antes de buscar distintos acercamientos a la no ficción, y me parece precioso que ellos escriban juntos sobre la amistad. Es un tema muy afín a mi sensibilidad porque también escribí un libro sobre el tema y me parecía importante estar acá para acompañar este momento del libro.

Joana D’Alessio y Mauro Libertella, editores de Vinilo, junto a Andrés Gallina (izquierda) y Matías Moscardi (a la derecha de Joana), coautores de “Introducción a la amistad”.
—En tiempos de virtualidad, IA e individualismo, ¿sentís que la masiva asistencia a ferias, eventos en librerías, obras de teatro, recitales hablan de una necesidad de salir del encierro para encontrarse con el otro?
—Sí, absolutamente. Creo que el desafío hoy es poner más el cuerpo y salir de la oficina. A mí me encanta estar sentada editando, leyendo y escribiendo, pero este año sentí la necesidad de estar ahí: en los ensayos, en el teatro, en las ferias, más cerca de la gente, propiciando el encuentro. Por eso son importantes las ferias como Invierno, para los editores y para los lectores. Está la posibilidad de que alguien no pueda comprar un libro, pero sí acercarse a la feria, conversar sobre lo que lee y compartir ese espacio. Estos encuentros alrededor de los libros nos alimentan y nos dan felicidad.
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