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Cultura 22 de septiembre de 2019

Yanícola: “Es importante que el teatro se pregunte cosas”

Un homenaje al gran dramaturgo marplatense, recientemente fallecido, a través de una recopilación de entrevistas publicadas en LA CAPITAL desde 2006. Con su propia voz, repasó algunas de sus puestas, reflexionó sobre el teatro local y aportó conceptos que no perdieron vigencia.

Por Paola Galano

“Yanícola es un apellido de origen italiano, deformado en los registros de inmigración. El apellido de mi bisabuelo (el italiano) era Iannicola. En el registro dibujaron una I mayúscula cursiva y de ahí en más se confundió con una Y griega. También se perdió la doble ene. Pero todos los Yanícola, Iannicola o Gianicola que andan dando vueltas por ahí seguramente venimos del Gianicolo, una colina de Roma, que no es una de las siete colinas, sino otra, más información en Wikipedia!”.
(Abril de 2010)

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GUILLE 10

Un joven Yanícola, la música fue su primer arte. 

– Un recuerdo que pinte mi infancia:

– Jugar al fútbol con mi hermano Martín y amigos en el terreno baldío al lado de mi casa en Muñiz, provincia de Buenos Aires.

– Mi primer libro:

– Mmmm… no recuerdo muy bien… pero sí algunos que me gustaron: 20.000 leguas de viaje submarino y Robinson Crusoe.

– La canción de mi adolescencia:

– Mmm… tampoco hay una sola, hay discos: Sui Generis, Serú Girán, Almendra, Pappo`s blues, y también Genesis, Supertramp, Led Zeppelin, Queen, Kiss, The Beatles, de esos discos muchas canciones.

– Una comida para la seducción:

– No entiendo la pregunta. ¿Una comida que me seduzca a mí o que yo prepare para seducir a alguien? ¿Se seduce con comida? ¿Adónde? En realidad la comida no me seduce ni he intentado seducir cocinando, he intentado seducir de otros modos… pero… no sé si esto responde la pregunta, creo que no, pero, en fin.

– Un papelón histórico:

– Dos: el golpe militar del ’76 y la Guerra de Malvinas.

– Un lugar para llorar: shopping o bar de mala muerte:

– Bar, aunque no tan de mala muerte, pero definitivamente bar.

– Mis mejores cinco minutos del día:

– No tengo mejores minutos, ni peores, lo que sí tengo mejores son zapatos: tengo dos pares, unos destruidos y otros sanos, esos son los mejores. Pero ahí me desvío del eje de tu pregunta que es el tiempo, fraccionado en minutos, y la posibilidad de minutos clase A (mejores) y clase B (peores). En cuanto a ese ítem, como ya dije, no veo diferencia alguna entre los minutos, por lo menos en los que a mí competen.

– La ropa más querida:

– No, tampoco tengo. (Voy bastante mal con el cuestionario).

– Mi eterna obsesión:

– Sí, eso sí (por fin pego una). Soy eternamente obsesivo con mi trabajo.

– Una película para que vean mis hijos (reales o hipotéticos):

– Reales. Varias: todas las de Pixar hasta “Buscando a Nemo” (incluida) y “El extraño mundo de Jack”. Hipotéticos: no van al cine.

– Una oportunidad perdida:

– No. Creo que no, en mi vida he aprovechado todas las oportunidades, excepto la de dejar de responder esta pregunta.

– Un motivo para la rebelión:

– Los mecanismos de poder, mediante los cuales algunas personas obtienen el grueso de las riquezas por el solo hecho de pertenecer a cierto círculo o estrato, a costa de hundir en el hambre y la miseria a la gran mayoría de la población humana.
(Diciembre de 2006).

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GUILLE 13

Ganador de uno de los tantos Estrella de Mar.

 

Humor y mirada crítica. Chiste e ideología. Opinión ácida y absurdo. Acaso sean las marcas que sellan la obra de Guillermo Yanícola, el dramaturgo, compositor, actor, músico y director de teatro marplatense recientemente fallecido. Al menos, esos dos niveles -inteligencia y humor- son los que parecen desprenderse de los fragmentos citados más arriba, ambos publicados en diferentes años y en diversas secciones de LA CAPITAL.

La sorpresa y la tristeza por su pronta partida, a los 53 años -el 1 de septiembre, el mismo día de su cumpleaños- y en medio de un ambicioso proyecto teatral que dejó inconcluso y que implicaba la puesta en escena de siete obras vinculadas por el tema del espacio, motorizaron esta recopilación de sus dichos, que no es otra cosa que repasar su pensamiento y reconocer su lucidez. Una lucidez que no ostentó, que careció de jactancia; más bien se consolidó en la humildad y en el gesto inmenso de agradecer.

Yanícola se fue, pero dejó ideas y claves para pensar el teatro, la música, lo artístico, la identidad de esta comunidad y para hacer.

No se cansó de hacer. Pensar y hacer en una ciudad que cuida muy poco a sus artistas, que olvida a sus creadores, una ciudad dura para quienes trabajan con los bienes inmateriales. Porque siempre está dispuesta a abrazar a los extraños y a menospreciar, descuidar a los propios. Un hábito tan marplatense, tan estival, del que no estuvo exento el gran Guille.

Pieza a pieza consolidó, fortaleció, amplió el concepto de lo independiente, con obras que siempre expandieron los límites de la actividad teatral, musical y artística. Iba cada temporada un poco más allá de él mismo, de lo hecho, abrazó la idea de que lo que venía era mil veces mejor de lo ya montado.

La lista de obras que lleva su firma es muy extensa. A partir de 2003, escribió y dirigió las obras Floresta, reunión de cosas agradables y de buen gusto, Disparate, Los fines, Muñiz, La cocina, Personas, Bien mal, Los que están sentados, Fausto y la sed, Simón, la huella del tiempo, Marde Troya, Mesa, Mesa al cuadrado, Estrella de mar, Playa, Edificios, Caminat, La bella dispersione, Il Periplo, Casa Shakespeare, No tiene nombre (improvisación teatral), Festival Salvatti, Los cinco grandes del malhumor y Actores extranjeros.

Adaptó las piezas Ubú Rey, de Alfred Jarry y la transformó en Ubu, un beso único, Matadero, de Esteban Echeverría, y Sherlock Holmes y El sabueso de los Baskerville. Participó de la escritura de ¿Por qué las casas se enfrían?, junto a Claudia Mosso y Rosie Alvarez.

Dirigió Saldungaray 1938, resultante del taller Cómo se arma la cosa, realizado en 2010, y Esperame en el cielo, un unipersonal escrito por Carina Zelaschi También dirigió el espectáculo musical Musas, junto a Nathalia Zapata y Marcela Tarifeño. Como actor participó en Una luz marina y en Tres viejos bardos, entre otras obras. Y colaboró con el grupo Teatrantes en la dramaturgia de Sueño de una noche de verano y Marco y las dos princesas chinas.

Como muestra de lo activo y movedizo que fue, basta recordar que en el verano de 2016 presentó cinco espectáculos: “The Sastre Al cuadrado”, “Il Periplo” y “La Bella Dispersione” que eran sus estrenos y reponía “Caminat” y “Marde Troya”. Y un año después, en el verano de 2017, redoblaba la apuesta y proponía ocho maneras de conocerlo. El estreno fue “Casa Shakespeare”, en la que nueve directores realizaron nueve escenas de nueve obras del gran dramaturgo inglés y se desarrollaba en el patio de su casa. Regresó con “Disparate”, la obra que permaneció catorce años en cartel y en la que actuada junto a Claudia Mosso, “Musas” espectáculo musical junto a Marcela Tarifeño y Nathalia Zapata, “La banda de los ausentes” y dos obras encuadradas enDel díptico dos piezas en italiano falso”: “La bella dispersione” y “Il periplo”. También propuso “No tiene nombre” y “The Sastre al cuadrado”.

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En “La banda de los ausentes”.

 

La música, su primera disciplina, lo llevó a crear la genial “La banda de los ausentes”, según sus palabras “una agrupación musical integrada por un solo músico visible” que “conversa, comparte comentarios, miradas, sonrisas y hasta toca y canta con los otros tres músicos”. En ese proyecto cruzó canción y humor.

“La Banda de los Ausentes es un tipo que está solo, y habla con músicos que solo el ve y escucha. Eso tiene algo de trágico, esencialmente, pero eso trágico no es algo que sucede en un momento del espectáculo que es para llorar sino que precisamente aparece en el momento en que el público se está riendo. El humor abre puertas para poder decir ciertas cosas, para lo trágico y lo poético, para la crítica, etc. El humor es una herramienta y a la vez un fin”, explicó en 2012, cuando lanzó este espectáculo.

En paralelo a su trabajo teatral, la música lo siguió tentando con el dúo “Almas das pampas”, que formó junto a Benjamín Gasé.

“¿Cómo hago para que no sea una repetición?”

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Paola Belfiore en una escena de “Ubú, un beso único”.

 

Guillermo nunca dejó Mar del Plata. Aquí dictó clases de teatro y dramaturgia y abrió su propia casa (Espacio Casa) para montar obras y hacer de su espacio personal un lugar para experimentar.

No obstante, a Buenos Aires llevó algunas de sus piezas más resonantes. Fue el caso de Ubu, un beso único, obra inspirada en Ubú rey, que Jarry estrenó en 1896. La versión Yanícola de Ubu se estrenó en noviembre de 2007, gracias a haber ganado el premio a la Producción Artística que la comuna local había lanzado unos años antes.

En mayo de 2008, tras una temporada exitosa, Yanícola contaba que regresaba a Capital con esa pieza y comparaba lo que pasaba en esta ciudad con lo que sucedía, a nivel teatral, en Buenos Aires. Además, daba a conocer cómo armó este rompecabezas teatral que fue Ubú, una puesta que mantenía el espíritu vanguardista de Jarry.

“Yo he estado como actor en Buenos Aires en varias oportunidades, como director estuve también, la primera vez fue con Acto sin palabras (de Becket), después con Sueño de una noche de verano, en el teatro Puerta Roja que organiza un Encuentro de Teatro Marplatense en Buenos Aires, que empezó hace dos años. Este año (por 2008) se hizo la segunda edición y fuimos con Ubu y fue muy buena la respuesta. Los encuentros son muy atractivos porque tuvimos un montón de público. Es una sala chica del off, metimos como setenta personas. El público teatrero nos paraba y nos decía que le había parecido muy buena la obra. Yo tenía el pálpito de que Ubu iba a funcionar bien para el público porteño”.

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Sebastián Villar en una escena de “Ubú, un beso único”.

 

– ¿Y para el marplatense?

– Para el marplatense también. El público responde de una manera buenísima, es una obra que está al nivel del teatro que se hace en Buenos Aires. Lo que ocurre es que hilando más fino, la nuestra es una obra un poco rupturista, tampoco es la transgresión ni nosotros la hacemos para ser transgresores, sino que digamos que el trabajo salió así, también por una cuestión conceptual, hay un público al que le gusta, que dice que está buena pero es muy loca, aunque tampoco es que es una locura total. La obra tiene una puesta que no responde a quedarse en el molde de las formas tradicionales, sino que precisamente la puesta apunta a jugar con la ruptura de la forma permanentemente. De hecho se plantea como un juego en donde cada función es diferente y los actores van eligiendo en cada función con qué escena empezar y con qué escena seguir. Los actores tienen un mecanismo de elección espontánea, salen y empiezan con una escena y los demás los siguen y es un juego para el espectador que tiene que ir hilando el argumento. Es una suerte de rompecabezas, con las veintipico de escenas. Tiene que ver con el concepto del autor de la obra original, que en su momento escribió una obra que pateó el tablero del teatro que se hacía en la época. Era traer eso a nuestros días y a este lugar también. Tiene que ver con el teatro que me gusta a mi conceptualmente, porque Jarry en algún punto fue como una bisagra en el teatro, y fue el germen del teatro del absurdo y de las vanguardias teatrales del siglo XX. Investigamos bastante, fue un trabajo mío y de investigación con el equipo. Fueron siete meses de ensayos muy intensos. E investigando me di cuenta de que había como doscientas mil puestas de Ubú Rey. ¿Cómo hago para que no sea una repetición, para que este teatro que fue de vanguardia no aparezca ahora, ciento diez años después como algo clásico, cómo encontrar que ese espíritu siga vivo?”, se cuestionaba.

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Entrevistado en LA CAPITAL.

 

– ¿Notás una diferencia entre el teatro de Capital y el del interior?

– Durante la década pasada, yo tenía la sensación de que el teatro de Mar del Plata estaba como en un nivel más bajo en muchos aspectos, lo que veo a partir de hace unos años es que hay un crecimiento en la movida del teatro independiente, hay un crecimiento en muchos niveles. En los últimos años he tenido un contacto más fluído con Buenos Aires y veo que allí hay un nivel más alto, también hay un nivel con el que estamos parejos y hay cosas que están por debajo del nivel que se hace en Mar del Plata. Nosotros llegamos a Buenos Aires no desde abandonar Mar del Plata, que es la típica historia del interior del país. Actuamos acá, cada tanto vamos a Buenos Aires a tomar algún curso que nos siga formando, pero hacemos nuestro trabajo acá.

– ¿Mar del Plata es un buen lugar para producir?

– Sí, estoy de acuerdo, es una excelente ciudad para hacer grandes movidas, un polo de atracción, porque tenés teatros, estructura hotelera, un festival de teatro aquí sería posible, hace unos años que se está levantando el nivel.

“Es un desborde”

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Junto a Pedro Benítez.

 

Marzo de 2013, con “Fausto y la sed” probada en el espacio La Bicicleta, Yanícola se prestaba a una entrevista compartida junto al actor y director Pedro Benítez, que esa temporada había montado “Moreira”. “Fausto y la sed” fue una larga obra de dos horas de duración que proponía un recorrido por esa sala, actualmente cerrada.

“Por casualidad”, dijo que llegó a la historia de Fausto. “Surgió dentro de un taller anual de producción, la consigna es terminar con una puesta en escena. Y apareció un ejercicio que hicimos antes de la primera mitad del año: él es el diablo y vos le querés vender el alma, le pedí a un dúo de actores, casi como un clishé de una relación posible. Y eso prendió no solo en ese dúo sino en todos, todos los participantes me pedían esa consigna”, contó.

Ese vínculo encendió las ganas entre los asistentes y en él mismo, como director. El paso siguiente fue conectarse al texto de Marlowe y, sobre todo, al de Goethe. “Marlowe es un dramaturgo de la época del teatro isabelino, es la primera versión teatral del mito de Fausto, que es un mito alemán. Luego llegué a Goethe, que fue el autor más trabajado. Hasta tomamos a Estanislao del Campo, lo que pasa es que ese texto es una especie de parodia del Fausto”.

Dirigió a diecisiete actores y puso en marcha un proceso de escritura que apareció en los mismos ensayos. “Hacíamos las improvisaciones y decíamos ‘esto queda’. Después escribía la escena en mi casa. A eso llamo yo escribir en los ensayos, porque es sacar ideas para poder desarrollarlas después. En mi casa escribía esos textos, los probábamos con los actores y los volvíamos a escribir. Era un ida y vuelta permanente”.

– Puede ser un proceso interminable, ¿no?

– Sí, por suerte pusimos una fecha de estreno inamovible porque si no uno sigue y sigue trabajando. En mi versión de Fausto uso textos de Leonardo Favio, de Nazareno y de El dependiente, pequeños textos que son guiños para el que conoce. Empecé a trabajar con las versiones de Fausto y descubrí que hay un montón de trabajos en los que está la presencia del diablo, incluso en las películas de Hollywood. Hicimos una ensalada con esas versiones e hicimos una versión nuestra en la que busqué que tenga ese espíritu del romanticismo de Goethe, esa cosa de desborde de la etapa romántica. La obra dura dos horas, es un desborde, son historias que se entrecruzan. Y hay algo que une al barroco de Marlowe con el romanticismo de Goethe. Fue toda una decisión que la obra fuera barroca, fue una decisión que dure dos horas. Los actores me decían ‘¿pero cuánto va a durar?’ No me importa cuánto dure, les decía, acá pongo todo, dije, va a tener de todo.

 

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Con Luciano Brindisi y Leo Rizzi.

 

– ¿Pensás en el espectador a la hora de hacer tus espectáculos?

– No pienso en el espectador, si va a entender o no la obra, esta es la obra que me gustaría ver a mí. Trato de atender una cosa técnica desde la dirección. Algo que decía Eugenio Barba, me dijeron que lo leyeron pero no lo leí yo, que está bueno tener en cuenta a un espectador niño, en el sentido de ingenuo, que no está habituado al teatro, un espectador ciego, un espectador sordo y un espectador Borges. Tener en cuenta esos parámetros, qué le pasa al espectador Borges con esto, qué le pasa el espectador niño, como una cosa más técnica del oficio. Pero tampoco me censuro cosas, a veces también llegas a la conclusión de que esta escena la va a agarrar un espectador Borges, y los otros no y uno toma la decisión de dejar todo igual, o en ésta escena Borges se va a ir ofendido y al niño le va a gustar, son como cosas a tener en cuenta.

“Asumimos el riesgo”

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Escena de “Marde Troya”.

 

Mayo de 2015. Tras una temporada en la que puso en escena “Marde Troya”, Yanícola reflexionaba sobre la vigencia de los textos clásicos y la posibilidad de cruzarlos con temáticas locales. En esa obra -basada en Troilo y Crésida, de Shakespeare-, el dilema de la guerra sucedía entre dos grupos de jugadoras de jockey de Mar del Plata. Las actrices interpretaban a los personajes masculinos y al revés.

“Al principio nos pareció un delirio, luego ese delirio fue tomando forma y asumimos el riesgo”, respondió. “En total el proceso de trabajo fue de un año y medio, empezamos en agosto de 2013 y estrenamos en enero de 2015. Un día les dije a los actores: ‘¿y qué tal si la guerra de Troya la trasladamos a la Mar del Plata actual, entre dos equipos de hockey femenino? Ese fue el disparador. Nos cerraba por todas partes. Se produjo algo muy interesante con ese cruce, como un chispazo, el mundo de la guerra de Troya, más el mundo shakespereano, más Mar del Plata, el hockey, el universo femenino… Ese chispazo encendió el fuego y nos hizo decidirnos por ese texto”, evocó.

– ¿Quisiste complejizar la propuesta al conectar el universo de Troilo y Crésida con las deportistas marplatenses?

– La idea no es complejizar. No sé si quiero complejizar. Al contrario, a mí me interesa cada vez más que las obras sean de una fácil lectura. Lo que ocurre es que el universo de Shakespeare es complejo. Esta es una obra muy compleja. El cruce de esos universos no es una ocurrencia; no se me ocurre: ocurre. Uno sondea, busca, estuvimos como seis meses juntándonos, indagando, leyendo obras, síntesis argumentales, mucho tiempo de trabajo; y a veces la búsqueda parece infructuosa. Pero en un momento ocurre. Se cruza algo que te das cuenta que va con lo otro. Y funciona como algo nuevo. Troya más Mar del Plata. Marde Troya. Sinergia, que le dicen.

– La tesis de la pieza parece ser que las historias clásicas se siguen encontrando en el mundo actual, ¿te parece correcta esta apreciación?

– Según Italo Calvino “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Con Shakespeare pasa eso. Siempre se encuentra algo más. La obra está viva. Siempre puede ser re escrita. El trabajo que me gusta a mí es el de “traer” a Shakespeare hasta acá. Sin que deje de ser Shakespeare, traerlo al espectador contemporáneo, ver que potencialmente esa obra está escrita para ser recreada. De hecho en Troilo y Crésida Shakespeare hace eso, ya que está basada en obras anteriores sobre la guerra de Troya y adaptada al mundo isabelino. Usa la guerra de Troya como metáfora de la guerra anglo-española que se estaba librando por esos días. El propio Shakespeare lo hizo, ¿por qué yo no voy a usar Troya como metáfora de otras guerras menores, más actuales, más cercanas, más sociales, más marplatenses? Aquiles en mi puesta dice: “Me voy de este club de mierda, de esta ciudad de mierda” y es un texto que sin salirse de la situación de la obra resulta muy local. ¿Cuántas veces y a cuántos marplatenses renegados hemos escuchado decir altivamente me voy de esta ciudad me voy a Buenos Aires? Ese es un gesto muy marplatense.

“Intentaré pelearla”

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Escena de “La bella dispersione”.

 

La brutal crisis económica de los últimos años lo llevó a pedir ayuda a la comunidad para poder sostener su Espacio Casa, ubicado en La Perla. En septiembre de 2018, junto a otros artistas organizó una varieté solidaria para recaudar dinero para pagar tarifas e insumos básicos. Buscaba darle pelea a un momento difícil, pero lejos de la queja amarga.

“Quiero sostener este espacio y está difícil por la situación económica. Por eso antes de irme a un lugar más chico intentaré pelearla”, dijo. Entonces, se mostró muy agradecido por la respuesta de los artistas que rápidamente ofrecieron su trabajo. Y habló de una red protectora y de una suerte de espíritu comunitario que funciona en el ámbito de los y las artistas locales.

Espacio Casa arrancó como sala de ensayo y en abril de 2014, pero las necesidades de una ciudad con un amplio movimiento teatral la convirtió en una sala para recibir a los espectadores. Por este lugar pasaron espectáculos locales, muchas de sus obras y otras de ciudades bonaerenses. Además, fue el sitio en el que el dramaturgo enseñó teatro.

“No hay una búsqueda poética”

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Junto a Claudia Mosso, intérprete de “Disparate”.

 

Su proyecto inconcluso, Siete experiencias sobre el espacio, lanzado en diciembre de 2018, volvió a ubicarlo como un permanente buscador de formas nuevas. Antes del arranque de la temporada, contó de qué se trataba esta novedosa puesta de siete obras (solo llegó a montar tres, Festival Salvatti, Actores Extranjeros y Los cinco grandes del mal humor, que actualmente permanecen en escena en diversos espacios locales).

La charla en diciembre del año pasado permitió conocer qué pensaba sobre el teatro local, diez años después de aquellas otras apreciaciones sobre el mismo tema.

“En principio son siete trabajos no vinculados (entre sí). Hay vínculos sí, elementales, básicos que da la actividad teatral. El teatro sucede en el espacio y en el tiempo. El tema del espacio es un tema que me interesa y que investigo escénicamente desde hace mucho. En propuestas anteriores he realizado puestas en escena en casas, con recorridos para los espectadores, en los así llamados espacios no convencionales que establecen desde los años ‘60s una nueva convención para la actividad, ya incluso, un poco convencional. En el caso de Siete experiencias sobre el espacio no es el espacio el tema, sino algo sobre lo que se pone atención. Precisamente en este trabajo las siete obras no están relacionadas entre sí voluntariamente, pero en el proceso de ensayos pudimos observar algunos elementos que vinculan una con otra. Ese vínculo, esa relación, esa intertextualidad, se dio de un modo involuntario, y elegimos jugar ese juego: si hay relación que aparezca sola. Luego también cada espectador podrá vincular a su antojo o a su medida una obra con otra”.

“El espacio y la palabra espacio tienen muchos usos en el teatro. Hay un uso del espacio tradicional, que es el del artista en un escenario iluminado y alto y el espectador sentado, en lo bajo, observando desde la oscuridad. Hay otras viejas nuevas convenciones espaciales. Hay ahora teatro en casas, teatro inmersivo, etc. También se habla de espacio cuando nos referimos a la distancia entre los actores, a la disposición de objetos en la escena, a la composición espacial. También decimos ‘dejá más espacio entre esa frase y la otra’’ cuando queremos un silencio, o una pausa, es decir: ese tiempo entre el final de un texto y el inicio de otro se vuelve espacio. Decimos ‘dar espacio’ al referirnos a escuchar al otro, a darle un lugar en la situación. Se ha dicho que el teatro es ese espacio, ese escaso metro y medio entre el actor y el espectador. También que el teatro es un espacio (y un tiempo) compartido, vivido en común, el teatro refuerza la idea de comunidad. Es una pequeña comunidad momentánea, que generalmente llega a un acuerdo, también momentáneo, entre espectadores técnicos y artistas, quienes asisten a un mismo espacio al mismo tiempo. Y allí celebran esta ceremonia: el acontecimiento teatral. Y ese tiempo de vida compartido hace la diferencia: del teatro salimos no ya con una anécdota, no ya con una historia que nos contaron, sino con una experiencia”.

– ¿Consideras que en el panorama del teatro independiente, tus obras son ya una marca registrada?

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El elenco de Caminat, en los Estrella de Mar.

 

– La propia voz se va haciendo al hablar, y así vamos aprendiendo a decir. Considero que ya tengo un recorrido en la actividad. Y ese recorrido comienza a tener un peso. Pero eso no es garantía de nada. En el teatro, más que en ninguna otra actividad artística, cada vez que se sale a escena, es un partido que hay que jugar. Y aunque la función anterior haya sido exitosa y la obra tenga buenas críticas, al momento de salir a escena el actor debe jugar el partido. Y la obra, que en definitiva la hacen los actores, también.

– ¿Cómo ves el teatro independiente marplatense?

– Veo que crece la cantidad de propuestas y la oferta de espectáculos año a año. Hay mucha gente vinculada a la actividad. La producción de espectáculos es cada vez más numerosa. Eso me parece muy positivo. Lo que no veo es tanta investigación. En general, no hay una búsqueda poética intensa, salvo excepciones. Hay más interés en estrenar algo, lo que sea, que en investigar qué y para qué. No hay tanto interés en preguntarse esas cosas. En preguntarse cosas. Y es importante que el teatro se pregunte cosas. Y no dé todo por sentado. No hay un interés en una indagación poética personal, grupal, artística. Reitero: hay excepciones. En muchos casos todo pasa por estar en actividad y producir, no importa qué, no importa cómo. Así es como muchas veces vemos que se estrena, se estrena y se estrena y no hay nada nuevo bajo el sol. En eso me parece que hay un gran riesgo, ya que el teatro independiente se transforma así en un engranaje más de los mecanismos del mundo de la producción. Cuando el arte, según mi opinión, debe intentar quedar por fuera, o al menos proponer una alternativa. La idea de teatro independiente, ya desde su origen, ya desde su nombre, está proponiendo cierta libertad respecto a esos mecanismos, y hoy debido a la urgencia por producir, muchas veces quedamos enredados en eso.

(*): Milena Bracciale y Claudia Mosso aportaron datos sobre la obra de Yanícola.

Cinco miradas sobre Yanícola