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Cultura 5 de abril de 2026

Ramiro Alfaya y la necesidad de escribir poesía para respirar en medio de la rutina

El psiquiatra marplatense presenta su libro "Duplicado" y recurre a la escritura para hacer una pausa en la inercia cotidiana, tomar aire y ensayar otras formas de nombrar aquello que el lenguaje médico no alcanza. La poesía aparece así como un gesto de resistencia y una búsqueda de sentido frente al desgaste.

Ramiro Alfaya es médico graduado de la UNLP, realizó la residencia en psiquiatría en el HIGA y este 2026 publicó su primer libro de poesía.

 

Por Rocío Ibarlucía

Entre el estudio de la medicina, el ritmo vertiginoso de las guardias y la práctica diaria en salud mental, Ramiro Alfaya encontró en la escritura un espacio de pausa y respiración. Su libro de poemas Duplicado (editorial Caburé) surge de sus experiencias en los años de viajes entre La Plata y Mar del Plata, tiempos de aprendizajes y pérdidas, vínculos y rupturas, pero también significa el retorno a una vocación que permanecía latente desde la adolescencia: la poesía. En sus páginas, busca dar cuenta de cómo las distintas facetas de la identidad se cuelan en las grietas de lo cotidiano; ahí, la escritura aparece como una forma de resistencia, un modo de nombrar lo que persiste pese al desgaste.

En esta entrevista con LA CAPITAL, el autor reflexiona sobre los cruces entre medicina y poesía, la lucha contra la pesadez de la rutina y la necesidad de encontrar otras formas de decir aquello que el lenguaje técnico no logra abarcar. El libro será presentado el próximo sábado 11 de abril, a las 18, en la librería El Gran Pez (Santiago del Estero 2052).

—¿Cuándo y en qué circunstancias empezaste a escribir poesía?

—Mi primer contacto con la escritura fue en el colegio secundario. Recuerdo que en ese momento fomentaban la escritura en clases de literatura e incluso en un taller de poesía al que concurría. El interés por leer y escribir fue surgiendo en forma inocente e intuitiva, al principio como un juego, cumpliendo consignas y buscando conectar con una necesidad interna de expresión, que incluso hasta hoy en día me cuesta comprender. Viéndolo desde el presente, impresiona que la necesidad de escribir fue algo que siempre estuvo latente, como dormido, y un día simplemente empezó a suceder.

—¿Y cómo surgió este libro? ¿Hubo un tema, una pregunta, una imagen que haya sido el disparador?

—El libro surge como desenlace de muchos hechos relevantes que me fueron sucediendo. Desde aquellos primeros contactos en el colegio secundario hasta Duplicado, pasé varios años alejado de la poesía, mientras dedicaba mi vida a formarme como profesional, yendo y viniendo entre La Plata y Mar del Plata. En ese camino, de largo aprendizaje académico, con una infinita riqueza de crecimiento personal y experiencias laborales, la poesía siempre se mantuvo latente. Creo que como en toda vida rutinaria, por repetición y acumulación, sumado a experiencias personales llenas de aciertos y errores, volví a conectarme con esa necesidad de escribir, al punto que llegué a contactar a Evangelina Aguilera, quien fue mi profesora en el colegio, para que me ayude a seguir formándome para canalizar esa energía creativa.


“La escritura y también la lectura sirven para salir a la superficie y dar unas buenas bocanadas de aire”.


—¿Por qué el título “Duplicado”? ¿Qué capas de significado encontrás hoy en esa palabra y de qué manera condensa a los poemas de este libro?

—Además de ser una simple referencia a la copia de la receta de un psicofármaco, es también una exposición de la propia despersonalización que puede uno auto-infligirse por negligencia y por negar sus deseos. Encierra la existencia de un original que se ha perdido, pudiendo encontrar quizás entre los poemas una forma de encontrarlo.

—¿En qué medida tu formación en psiquiatría atraviesa tu escritura? Por ejemplo, en varios poemas aparece una mirada muy cruda sobre el cuerpo y el sufrimiento. En ese sentido, ¿sentís que tu práctica profesional se filtra en tus modos de mirar o nombrar y, por lo tanto, de escribir?

—Creo que puede haber una doble relación entre mi profesión y la escritura. Por un lado, mi profesión, como rama de la medicina, no es muy sofisticada. No disponemos de grandes tecnologías ni de enormes salas repletas de equipamiento médico. Sólo podemos basarnos en observar, escuchar y decir. Y eso con el tiempo te va dando cierto enfoque “no convencional” para observar al otro, que personalmente también entiendo que implica observarse a uno mismo. También ocurre que la profesión deviene en trabajo y el trabajo en mecanización, rutina, automatización de procesos y algo de torpeza. En ese sentido, la escritura y también la lectura sirven para salir un poco a la superficie y dar unas buenas bocanadas de aire para volver a bucear en los mares de la salud mental, que pueden ser oscuros. También la escritura puede enriquecer nuestro lenguaje y, por lo tanto, nuestra forma de ver y analizar, de describir y comprender distintos padecimientos, propios y ajenos. El vocabulario médico hoy en día es bastante lánguido y críptico si analizamos su riqueza y profundidad. Busca optimizar el fin para el que fue creado, que es la descripción de procesos y la deducción clínica para resolver un problema y tomar conductas, y seguro queda muy escaso para expresar cuestiones del espíritu.

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El libro Duplicado (Caburé) surge de experiencias en los años de viajes entre La Plata y Mar del Plata, tiempos de aprendizajes y pérdidas, vínculos y rupturas, pero también significa el retorno a una vocación latente desde la adolescencia: la poesía.

—¿Creés que la poesía te permite decir cosas que el lenguaje médico no puede o no alcanza a nombrar?

—En este caso creo que la poesía me ayudó a reconectarme con el propósito y la sensibilidad de mi profesión. En esa mecanización que implica el trabajo uno se vuelve impermeable a situaciones que realmente acarrean un costo emocional, mientras se sigue avanzando porque también el aprendizaje y la evolución son constantes. Por momentos parece que cíclicamente el estrés y la satisfacción se van turnando, mientras el tiempo avanza y nunca podemos frenarnos a cuestionarnos o a analizar los lugares que transitamos, las cosas que decimos y cómo las decimos. La poesía me permitió esa pausa y ángulo para hacer la profesión más transitable. Cuando lo cotidiano empezó a hacer ruido surgió la necesidad (de escribir), cuando la escritura surgió, se comenzó a transitar la rutina con otro paso, y de esto seguro surgirá una nueva necesidad.

—En “El alumno” aparece una referencia explícita a Borges. ¿Qué lecturas te marcaron? ¿Sentís que tu poesía dialoga con alguna tradición en particular?

—La mención a Borges surge porque durante mi adolescencia, en esos primeros momentos de contactar con la literatura, fue uno de los autores que más intenté leer, y representó también en su momento una gran frustración al querer comprender la totalidad de semejante obra sin tener la formación o los recursos necesarios. Hoy en día me siento emparejado con algo similar al surrealismo, aunque creo que a medida que yo cambie eso también se irá transformando.

—¿Qué esperás que le pase al lector cuando lea Duplicado?

—Con que alguien se interese en leer poesía, implica un deseo de conexión con “algo más” muy interesante. Y sobre mi libro en particular, para mí es un regalo inconmensurable. Lo que sea que le pase al lector, será su reflejo.


Tres poemas de “Duplicado”

Hospitales

Bajo la vigilia de un techo casi derrumbado
en paredes que parecen tapas de antiguos libros
fibrones forman dibujos entre humedales
como laberintos deformes y urbanos.
Son historias de personas fragmentadas que hablan otras lenguas.
Con la mirada perdida y un hilo de baba,
indeciso,
se pronuncian palabras que en otros mundos podrían ser poesía.
“Tengo cicatrices contemporáneas”.
Su autor la olvida en forma automática
mientras el cigarrillo se consume solo entre sus dedos amarillos.
La mano que fuma es otra.
Las palabras no son suyas.
Este suelo infecto no es su suelo,
pero se encuentra de por vida enraizado en su persona.

Hombres modernos

Hay un hombre viviendo
en una caja
adentro de mi pecho.
Su juicio, binocular
computa imágenes
que en su mente estallan como fractales.
Imprime los conceptos
y talla en las paredes internas de mi cráneo
“tu madre no es tu madre”.
La documentación del expediente que me declara incapaz
aguarda oculta en los cajones de otro cuerpo.

Otros descansos

La presencia del pánico como un gigante de hielo
no es igual para aquellos alienados
quienes nunca sentirán el temblor previo a un examen
o la satisfacción tras un trabajo concluido,
pero son capaces de elevar la realidad
en sus múltiples significados.
Mentiría si dijera que no he tenido vastas fantasías
en las que mis tormentos llegan a mi oído
pronunciados en una voz tan real como las rejas,
en donde una sombra juega con mis órganos
reemplazándolos por piedras
y me hunde en los mares oscuros de mi propia mente.
Quizás en ese lugar logre finalmente conciliar el sueño.