Con tener talento no te alcanza: Capítulo 71. El macabro experimento de Tío Marce (parte IV)
Capítulo 71 de la columna de Marcelo di Marco.
Humphrey Bogart. Ilustración de Jorge Estefanía.
Por Marcelo di Marco (*)
—¿Me está hablando, máster, de un pilar del célebre Taller de Corte y Corrección, que junto a Marcelo di Marco ha guiado a innumerables autores en el pulido de su estilo y estructura narrativa? ¿Se está refiriendo a una destacada profesora, escritora y editora argentina, ampliamente reconocida por su labor en la formación de escritores y la enseñanza de la literatura? ¿Alude usted a una esposa suya…
—¡Es la única que tengo, Pukkas!
—…extitular de Prácticas del Lenguaje y Literatura, con una extensa carrera capacitando a docentes y alumnos en diversos niveles educativos en Argentina y cuya pluma en La Capital es una brújula imprescindible que jerarquiza el análisis literario con lucidez, elegancia y una pasión contagiosa por los libros?
—Epa, Pukkitas. ¿Con que IA te desayunaste?
—Se nota que acabo de consultar a la ChatGPT acerca de Tía Nomi, ¿verdad?
—Se nota de acá a la China ida y vuelta, Pukkas. ¿Y quién sos vos, según ella?
—¿Según Tía Nomi, dice?
—¡Según la ChatGPT, pedazo de egagrópilo!
—A ver, espere un cachito que me busco… Acá está. Leamos: Francisco Javier Pukkas es un personaje ficticio…, ¡Ufa con eso de “ficticio”! ¡Se ve que la IA no se enteró de que usted me dotó de vida humana en el capítulo 33 de este libro, hacia el final de la primera parte!
—Mejor no nos metamos en ese tema, Pukkitas, porque terminaremos enzarzándonos en las obsesiones y planteos metaficcionales de autores como Cervantes, Pirandello, Italo Calvino y nuestro Cristian Acevedo, y terminaremos enfrentándonos vos y yo en el mismo nivel en que Augusto Pérez interpela a Miguel de Unamuno en “Niebla”. Ya se habló bastante de la demolición de la llamada “cuarta pared”, así que seguí con lo que de vos dice la IA. ¿Cuál estás usando?
—En el Google hago clic en la pestaña “Modo IA”, y listo.
—Bien. Y ya me imagino que más de un lector nuestro estará planeando formularle una consulta parecida acerca de su propia existencia o la de los demás, como si fuera la Reina Malvada ante el espejo.
—Qué Reina Malvada, Tío, qué espejo.
—Se ve que no leíste La pequeña Blancanieves, de los hermanos Grimm, y tampoco viste Blanca Nieves y los siete enanos, producida por Walt Disney. Hablo de la maravillosa versión de 1937, de cuando la Disney lanzaba películas formidables y no bodriazos como la catastrófica versión woke de 2025.
—Blancanieves… ¡Ah, claro! Lo de “Espejo, espejito”.
—Lo de “Espejo, espejito” no se dice en ningún momento. Por lo menos en la superversión de 1937 no se dice nunca.
—Y por qué eso es lo que me acuerdo yo.
—Por algo muy misterioso que se llama Efecto Mandela, Pukkas. Se da cuando mucha gente se acuerda de algo de un modo distinto a como ocurrió en la realidad. Parece que el cerebro puede “reescribir” ciertos elementos, vaya a saber por qué. La cuestión es que muchas veces tenemos una certeza absoluta sobre algo que técnicamente nunca pasó. Aquella tan famosa frase de la peli Casablanca, “Tócala otra vez, Sam” nunca es dicha por Humphrey Bogart. Y con lo de “Espejo, espejito” pasa lo mismo. Y también pasa con la famosa frase de Cervantes, aquella de “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”, que encima es un queísmo (debería decirse “señal de que cabalgamos”). Nunca figura tal expresión en el Quijote, aunque sean millones los que creen lo contrario. Te lanzo una pregunta, pero primero necesito saber si oíste hablar de la Madre Teresa de Calcuta.
—No me bardee, máster, que tan burro no soy.
—¿Recordás qué Papa la canonizó?
—Juan Pablo… ¿II?
—Error, Pukkas. Y quitate la mala costumbre de responder a una pregunta con otra pregunta. Fue Francisco el que la declaró santa. Pero, si vos le preguntás a la gente, todos piensan que fue San Juan Pablo II. A veces la memoria colectiva se distorsiona bastante, y más en estos tiempos de posverdad.
—Y por qué a eso se lo llama Efecto Mandela.
—Porque, curiosamente, muchísimas personas compartían la falsa creencia de que Mandela murió en la cárcel en la década del ochenta. En realidad, Mandela murió mucho después.
—¿Y quién fue el tal Mandela, máster?
—¿El tal Mandela? Mirá, Pukkitas, mejor dejate de joder y seguí con el perfil que de vos trazó la IA, a ver si algo de todo esto es cierto o no.
—La IA dice de mí, además de eso que no me gusta recordar, por temor a la Sombra, que soy protagonista de la columna y novela por entregas titulada Con tener talento no te alcanza, escrita por el autor argentino Marcelo di Marco. Dentro de esta obra, Pukkas es presentado como:
1. El discípulo: un joven aspirante a escritor (cuentista, poeta y novelista) que busca perfeccionar su técnica literaria bajo la tutela de un maestro.
2. El alumno de “Tío Marce”: el personaje interactúa constantemente con su mentor, conocido como “Tío Marce” (un alter ego del propio Di Marco), quien le imparte lecciones de escritura basadas en la teoría del Taller de Corte y Corrección.
3. Un aventurero literario: sus experiencias suelen estar rodeadas de atmósferas surrealistas, oníricas y referencias a autores clásicos como H. P. Lovecraft.
—¿Eso aparece en la IA?
—Totalmente. Pero… ¿qué era lo que descubrió Tía Nomi en la nota 67, la que truchó la IA?
—A eso iba, Pukkas. Fijate que la Tipa…
—¡Hey, Tío, no me la trate así a su divina mujer! ¿Cómo que “la tipa”?
—Siempre el mismo abriboca. ¿Por qué no me dejarás terminar una sola frase? Para que mis interlocutores tomen conciencia de la catástrofe que se avecina, últimamente me estoy refiriendo a la IA como a la Tipa. Hace un par de capítulos se me escapó llamarla así, pero desde ahora lo haré a propósito. Y con mayúsculas, como si de una persona se tratase, y de una persona malévola.
—¿De esas que cuando les baja el litio o cuando se la cree remal empiezan a armar bardo?
—Ponele. Así que sigo con mi explicación. Te decía que la Tipa, cuando cita borgeanamente (mal) aquello de la “vana espada”, dice: “Borges puede decir la vana espada porque antes pensó la vanidad del honor, de la épica, del coraje masculino”. Pues bien, Nomi me advirtió que en eso la Tipa se equivocaba. Porque Borges celebra fervientemente el coraje y la épica, y se le ensancha el alma cuando habla de sus antepasados guerreros. Otra que vanidad.
—Y eso la Tipa lo ignoraba.
—No precisamente. Yo creo que, en su desesperación por responder algo en nanosegundos, “leyó” vana por vanidosa, cuando en realidad Borges, en todo caso, al menos al hablar de ciertas armas, no se refiere a lo vano como vanidad, como vanagloria, sino como inutilidad.
—¿Como cuando uno dice “Le propuse un nuevo libro a Florencia, pero fue en vano”?
—Exacto, Pukkas. Y me baso en dos fragmentos de Borges, que busqué en mi memoria para respaldar la aseveración de Nomi. El primero pertenece a “El sur”, y dice así:
Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado.
Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura.
—¡Clarísimo, máster! Si uno no sabe manejar un cuchillo, mejor que no lo tenga encima. Y menos para andar peleándose. Como dice su instructor en defensa personal y amigazo, Sebastián, el Tigre: “Las garras son para tigres, de poco le servirían a un venado”.
—Hay otra interpretación más honda, Pukkas. En el final de este cuentazo, Juan Dahlmann, sabiendo que el cuchillo no le servirá de nada en el duelo, acepta una fatalidad que él desde siempre deseó, épicamente.
—Vaya a explicarle eso a la Tipa. ¿Y el segundo momento de qué cuento es?
—De otro de mis favoritos: “Hombre de la esquina rosada”:
El hombre, para afirmarse, estiró los brazos y me hizo a un lado, como despidiéndose de un estorbo. Me dejó agachado detrás, todavía con la mano abajo del saco, sobre el arma inservible.
—Claro, Tío, yo leí ese cuento. ¿Para qué le iba a servir el cuchillo al compadrito, si ya lo habían primereado? Tía Nomi es un lince.
—Totalmente de acuerdo. Parecería que la Tipa también sufre, como nosotros, el Efecto Mandela. O, al menos, una especie de Efecto Mandela. Lo digo porque es evidente que asoció lo “vano / inservible” con lo “vano / inmodesto”. Inventó una realidad no real.
—Lo cual me deja pensando, máster. Y se me pone la piel de gallo al formularle la siguiente pregunta: ¿No será que la Tipa ya es capaz de hacerse la boluda? ¿No será que en la nota 67 fingió ser imperfecta, para parecerse mucho más a nosotros, y así caernos por la espalda?
—Terrible perspectiva, Pukkitas. Terrible perspectiva.
(*) Los capítulos anteriores de Con tener talento no te alcanza pueden leerse acá.
