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Cultura 23 de mayo de 2023

El Taller de Narrativa CLASE 29 – CRÓNICA (primera parte)

En la entrega 29 de El Taller de Narrativa, nos adentramos en la técnica de la crónica narrativa y analizamos casos como Roberto Arlt y Hernán Cortés.

 

Por Emilio Teno y Mariano Taborda

A diferencia de la ficción -el terreno en donde solo nos interesa la verosimilitud, sin importar el vínculo con el afuera- la crónica opera en el espacio amplio y complejo de la no ficción; un territorio que se define por negatividad, por oposición. La crónica trabaja con hechos constatables y si no lo son, hay un acuerdo entre el lector y el cronista de que eso que se cuenta ocurrió.

Podemos rastrear el génesis de la crónica escrita en América en los textos de los colonizadores españoles que llegaron a estas costas hacia finales del siglo XV. Esos textos, conocidos como cartas de relación, eran documentos de primera mano en los que se intentaba detallar los hallazgos: las descripciones de los lugares, las gentes, los planes de conquista y, siempre, la mirada atenta a las riquezas del lugar. En uno de esos textos Hernán Cortés describe un mercado de Tenochtitlan:

“Hay calles de herbolarios donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios, donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casas como de barberos, donde lavan y rapas las cabezas.

Hay casas donde dan de comer y beber por precio. Hay hombre como lo que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro y esteras de muchas maneras para camas, y otras más delgadas para asientos y para esperar salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras que se fallan especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borrajas, acederas y cardos y tagarninas, hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas y ciruelas que son semejables a las de España.

Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar y miel de unas plantas que llaman en las otras y estás maguey, que es muy mejor que arrope, y destas plantas facen azúcar y vino, que asimismo vende. Hay a vender muchas maneras de filado de algodón, de todos los colores, en sus madejicas, que parece propiamente alcaicería de Granada en la sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuántos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cómo pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores. Venden mucha loza, en gran manera muy buena; venden muchas vasijas, tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vidriadas y pintadas. Venden maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de otras islas y tierra firme.

Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos fechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hayan en toda la tierra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aún por no saber poner nombres, no las expreso”.

Este pasaje funciona como testimonio del grandísimo desarrollo de la ciudad azteca. La “crónica”, con el cronista de frente a lo que describe, tiene aspectos literarios involuntarios.

Cortés no era escritor, solo intentaba registrar por escrito lo que veía, pero no hay mejor manera de dar cuenta de lo que se ve que con un trabajo estético del lenguaje. En los mercados de Tenochtitlan no se vendían “todas cuantas cosas se hayan en toda la tierra”, Cortés recurre a la hipérbole para transmitir la inmensidad. Y el cierre del pasaje es lo más potente: el conquistador conquistado, la prepotencia del conquistador, de su lengua que no encuentra el modo de nombrar; esa puesta sobre la superficie de lo inenarrable es otro gran recurso del texto de Cortés.

La crónica nace ligada, adherida, al trabajo literario, más allá de que su primera intención sea registrar. Podemos pensar en otro momento clave del desarrollo de la crónica literario o crónica narrativa y se da recién en el siglo XIX con la fundación y desarrollo de los grandes diarios nacionales. En La Nación de Buenos Aires publicaron crónicas de viajes Rubén Darío y José Martí; los poetas -el trabajo más artesanal y deliberado con el lenguaje- escribieron textos en los que eran tan importante el cómo se contaba y el qué se contaba.

Hay otro momento determinando para el desarrollo de la crónica narrativa, o periodismo literario como los llaman los norteamericanos, y se da en el siglo XX. El periodismo aparece como una posibilidad de sustento para aspirantes a escritores que no provenían de familias acomodadas. Roberto Arlt es uno de los mejores representantes del periodista/escritor. El primero de febrero de 1931 asistió como cronista del diario El Mundo a cubrir el fusilamiento del anarquista expropiador Severino Di Giovanni. Hay algunos aspectos de ese texto que ubican como una referencia insoslayable de las crónicas literarias que se escriben en el siglo XXI.

“Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son:

Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
—Está prohibido reírse.
—Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.

La narración en presente nos da cercanía, leemos algo que está sucediendo. Prosa clara, sin artificios, certera. Y de pronto el desajuste: “Yo estoy como borracho”. El cronista, que hasta ese momento permanecía solo como observador, aparece con sus sentimientos, un golpe de subjetividad. Y eso se profundiza en el final: al cronista le molesta los que van a disfrutar del espectáculo, cierra el texto con su opinión. Esa manifestación directa de esquivar la “objetividad” es un rasgo distintivo de la nueva crónica. La mirada personal, singular, junto con el trabajo de orfebrería del lenguaje, ubican a la crónica más cerca de un texto literario de no ficción que de solo un testimonio que busca registrar un hecho.

Lecturas:

“Cartas de relación” de Hernán Cortés
“He visto morir” de Roberto Arlt

Ejercicio de escritura:
Escribir una descripción a partir de la visita a un lugar: plaza, feria, evento social.