Grandes libros, pequeños lectores: “Los nombres prestados” de Verónica Sukaczer
Una novela sobre aquello que heredamos, sobre lo que se calla y sobre la necesidad de contar para que las historias no desaparezcan.
Verónica Sukaczer, autora de la novela Los nombres prestados.
Los nombres prestados
Verónica Sukaczer
Buenos Aires
Penguin Random House
2022
165 páginas
Por Manuela Lucía Ferro Carro (*)
“¿Qué guardaríamos, qué se vendería, qué iría a donación, cómo se deshacía una vida vivida, qué quedaba de los vivos en los objetos muertos, y quién haría esto por mí, dentro de ochenta, cien años, aunque no tuviera ningún sentido pensar ahora en eso, pero sucedía, qué podía hacer?”. Con esta reflexión, que desde el comienzo trenza memoria, identidad, pasado, presente, vida, muerte y literatura, Verónica Sukaczer abre su novela Los nombres prestados.
Si bien fue publicada por primera vez en septiembre del 2015, como lectora la conocí un año después, cuando formó parte de la colección Historias que dejan huellas, propuesta editorial del diario Clarín en conjunto con Penguin Random House. Por entonces tenía 15 años y la devoré en una tarde: no es una novela demasiado extensa y atrapa enseguida, sin ser por eso una lectura superficial o sencilla.
Volví a encontrarme con el libro muchos años después, esta vez a partir de una alumna a la que le di clases particulares. Lo analicé junto a ella y la experiencia tuvo algo de reencuentro: reconocí el entusiasmo de aquella primera lectura, pero desde una posición distinta, con otra edad y un bagaje literario diferente. En mi estudiante, en cambio, esa emoción por lo leído era completamente nueva. Quizás allí reside una de las primeras virtudes de esta novela: aunque está dirigida a un público joven y fue reconocida como Destacado de Alija 2015 en la categoría Novela Juvenil, no queda encerrada en una edad determinada, como solemos creer que sucede con la literatura infantil y juvenil.
La novela se organiza en 14 apartados que alternan voces y prosas, así como tiempos y espacios. Con Nina nos encontramos en la Buenos Aires contemporánea, con Sara/Elena/Kasia en la Alemania nazi principalmente y, con Pedro/Marek, en ambos. Este último constituye la unión entre los dos contextos, es quien posee la historia y se niega a revivirla con el recuerdo, es quien desea olvidar el horror, pero su nieta, con una gran curiosidad, se lo impide: “Así que alrededor del abuelo había ido creciendo un pequeño abismo en el que se hundían las palabras. Él llevaba con cierta dignidad ese espacio a su alrededor que nadie osaba profanar, el aura de los que lo han sufrido todo, pero yo sabía que no estaba bien, que no tenía derecho. Sí, era su historia y su vida, pero él tenía una obligación. Contar”.
Sukaczer presenta una obra sobre aquello que heredamos, sobre lo que se calla y sobre la necesidad de contar para que las historias con minúscula no desaparezcan. A través de personajes atravesados por el amor, la pérdida, la desesperación y la esperanza, nos muestra tanto lo más luminoso como lo más oscuro de la humanidad.

Portada de Los nombres prestados.
(*) Miembro de la ONG Jitanjáfora. Redes sociales para la promoción de la lectura y la escritura. Para más recomendaciones literarias de textos infantiles y juveniles, visitar la sección Grandes libros, pequeños lectores de LA CAPITAL, escrita por especialistas que son miembros de Jitanjáfora, haciendo clic acá.
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