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Cultura 14 de agosto de 2026

Paula Winkler: “No existe un modo único de interpretar la realidad”

En "Puntos de vista", su reciente libro de cuentos, la escritora construye un universo de narradores poco convencionales para explorar las múltiples formas de mirar el mundo y reivindicar la literatura como un espacio de complejidad, diálogo y libertad.

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Paula Winkler, abogada, magíster en Ciencias de la Comunicación y autora de una extensa obra narrativa y ensayística.

Por Andrea Albertano

En su flamante libro “Puntos de vista” (Editorial Leviatán), Paula Winkler desplaza deliberadamente el foco de la narración. Libros, animales, objetos y personajes situados en los márgenes de la experiencia adquieren voz para contar historias que desafían las miradas únicas y cuestionan las certezas.

Con una escritura que dialoga con la filosofía, la historia y la tradición literaria, la autora propone una obra polifónica donde cada relato encuentra su propia forma de decir. En esta entrevista reflexiona sobre la construcción de esas voces, el lugar del narrador, el vínculo con la literatura y el papel de la ficción en una época atravesada por las simplificaciones.

—En “Puntos de vista” la elección del narrador parece ser una decisión conceptual antes que argumental. ¿La búsqueda de una voz determina el sentido del relato o es la historia la que termina encontrando la voz adecuada?

—La elección del narrador en “Puntos de vista” es funcional a la historia. Un escritor no puede separar lo conceptual de lo argumental excepto en el ensayo. Puede que planifique según la estructura que siempre se modifica sobre la marcha. Así como no se juzga a los personajes, a no ser que se trate de una ironía pura, como ‘Ora (lege) et labora’ –reza, (lee) y trabaja–, suele no buscarse mensaje. En el cuento prevalece siempre la historia, que encuentra su propia voz.

—El libro dialoga de manera explícita con escritores, filósofos y artistas de distintas tradiciones. ¿Pensás la escritura como una conversación permanente con la literatura?

—La literatura es dialógica, todo buen texto lo es.

Puntos

—Muchos relatos parecen partir de un desplazamiento de la mirada: un libro, un animal, un personaje marginal o alguien situado en los bordes de la experiencia observa aquello que los demás naturalizan. ¿Ese cambio de perspectiva responde a una búsqueda estética o también a una posición ética frente al mundo?

—Sí, el desplazamiento es intencional. Asimismo quise experimentar incluyendo la segunda voz (en el último cuento) o eligiendo narradores poco comunes, como las cosas y un narrador omnisciente que debate con la IA.

—En varios cuentos conviven referencias filosóficas, históricas y culturales con escenas de una vida cotidiana muy reconocible. ¿Cómo trabajás el equilibrio entre la reflexión y la narración?

—Trato de que no haya demasiada intromisión del llamado “autor textual” (Todorov), salvo en novela, pero cuando el narrador o el protagonista tienen determinado nivel de habla, es posible hacerlo pensar en una suerte de soliloquio.


“El escritor y el poeta conviven con el resto de los mortales pero pueden ver un poco más allá”.


—Tus personajes suelen enfrentarse al paso del tiempo, a la memoria y a la fragilidad. ¿Pensás la literatura como reflexión y catarsis?

—Mi literatura no es catártica. Una maestra en este género es, por ejemplo, la brasileña Clarice Lispector. Y quien pretende hacer catarsis escribiendo (que es otra cosa, un mero ejercicio) seguramente no construirá nunca un buen texto.

—Si tuvieras que definir la operación literaria que sostiene “Puntos de vista”, ¿dirías que consiste en cambiar de narrador, cambiar de perspectiva o, más profundamente, cuestionar la idea de que existe una única manera legítima de interpretar la realidad?

—Cada cuento, viñeta (incluso el poema) responden a puntos de vista diferentes sobre la realidad cotidiana. No existe, en efecto, un modo único de interpretar la realidad, a no ser que se viva en una autocracia. Pretendí escribir un texto polifónico en tal sentido.

—En una época en la que la velocidad parece imponerse también sobre la lectura, tus relatos invitan a detenerse en aquello que suele pasar inadvertido. ¿La literatura sigue siendo, para vos, un ejercicio de resistencia frente a las simplificaciones de nuestro tiempo?

—El escritor, el poeta conviven con el resto de los mortales pero pueden ver un poco más allá. Sucede algo parecido con los cineastas, los artistas. Simplifica, generaliza y estigmatiza mucha gente. No son éstas, operaciones lingüísticas en el arte. El conformista suele tener una vida narrada, no bucea, no le interesa más que la superficie de los acontecimientos.

—¿Cómo trabajaste la construcción de este libro teniendo en cuenta que combina relatos, poesía, reflexiones? ¿Fue algo premeditado o algo que se dio junto a la editora?

—La elección de los cuentos (salvo de alguno que ya tenía y fue adaptado) siguió un eje temático: que hay diferentes puntos de vista, de opinión y percepciones. Los narradores no deben confundirse conmigo, la autora, pero yo, que soy la que escribe, sí elijo el estilo (irónico, descriptivo, intimista). La editora leyó el texto, captó de inmediato el sentido del mismo.

En los relatos o cuentos suelo trabajar sola, en la novela o en cuento largo –novela corta– sí comparto los textos con amigos colegas o buenos lectores para que me marquen defectos, errores o sugieran algún cambio. En mi caso, nunca quedo del todo satisfecha, si releo me aparece algún error, pero ya está impreso y editado.