“Un rato lejos”, de Juan Pez: un viaje doble al pasado
En el debut como autor integral del artista con el sello independiente Estudio Mafia, esta historieta narra cómo un niño se va con un amigo a pasear por el barrio e invita a pasear a los lectores a un momento que ya no existe.
Juan Pez (1986) trabaja en el ámbito editorial y publicitario en proyectos que incluyen la ilustración y el diseño de personajes.
Por Félix Lencinas
Una tarde, un chico se va de la casa. Los padres no lo encuentran, se asustan por su repentina ausencia. Le preguntan a un vecino, a otro y a otro. De repente, todos están a los gritos buscando al niño que se llama Juan. Después de un tiempo, el chico aparece. Resulta que se había ido con un amigo a andar por ahí y a la vuelta un poco se perdió. Aunque seguramente estuvieron aliviados, los padres castigaron a Juan.
Esa historia real es la materia prima de Un rato lejos, el cómic debut de Juan Pez como autor integral. Con una estética cartoon y una tonalidad verdosa dada por la impresión risográfica a un solo color, se cuenta la historia de Pablo, un chico que se va a jugar con un compañero de la escuela. El autor relata que recuerda con claridad el principio y el final de la historia y todo lo del medio es lo que aprovecha para crear la historieta.
El cómic fue presentado durante la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires por su autor. El volumen de 32 páginas fue publicado por Estudio Mafia, una editorial independiente que edita de manera artesanal a muchos artistas nuevos y latinoamericanos, y su estilo de producción hace que cada libro sea único. Por ejemplo, la tirada de este título fue de 300 ejemplares y el tipo de impresión hace que cada uno sea realmente único. El ejemplar leído para esta reseña es el 226, y por más que otros lectores puedan acceder a leer el mismo cómic, su número, sus leves diferencias de registro harán que esa experiencia sea realmente única.

Una viñeta de Un rato lejos, de Juan Pez.
Un viaje por el barrio
Mariano (que a pesar de los tonos verdes del cómic, claramente tiene una camiseta de Boca) llega al frente de la casa de Pablo, le muestra una ficha plateada brillante y lo invita ir a lo de Doña Chaile. Una vez que Pablo se sube a la bicicleta, arranca el verdadero atractivo de Un rato lejos: las viñetas ilustran un barrio del conurbano en la década de 1990. Los fondos están llenos de detalles, crean un ambiente en el que, junto con Pablo, es posible descubrir a través de sus ojos todo lo que va observando. Es posible detenerse en cada viñeta y encontrar detalles que remiten a otro tiempo y a otro espacio. La calle, la arquitectura, los graffitis, los vehículos, los carteles, la basura, los cables de luz, la gente, todo va creando una atmósfera que le sumará más a aquel que le sea familiar ese entorno o esa época, pero sin embargo a la vez es posible descubrir algo nuevo como lo va haciendo Pablo en su pequeña excursión. No está la visión de la madre asustada por la desaparición del niño, está la visión de la inconsciente aventura del niño.
Siguiendo el camino del héroe, luego de esa separación del hogar, la iniciación de la aventura lo lleva a los fichines que atiende Doña Chaile. Y si hacía falta algo más noventero, llegaron los fichines y los metegoles. Lejos de los Sacoa, los centros comerciales o los sitios turísticos, en otras épocas, los fichines del barrio eran negocios que congregaban a niños y jóvenes. Allí los sonidos y los colores de los juegos como Snow Bros o el ficticio Brutal Blow (una suerte de amalgama de Mortal Kombat y Street Fighter) inundaban los sentidos de los chicos.

Portada de Un rato lejos, editado por Estudio Mafia.
Esperá a que se entere tu padre
Cuando se terminan las fichas, llega el final. Mariano y Pablo se vuelven, pero Pablo no está seguro de cómo volver. Y la historia pega un giro oscuro sobre el final: todos esos elementos pintorescos del principio se vuelven un poco siniestros. Cuando el chico se pierde, todo parece amenazante. La calle, la arquitectura, los graffitis, los vehículos, los carteles, la basura, los cables de luz, la gente, todo da miedo.
Sobre el final, por suerte, entre la oscuridad, aparece la mamá de Pablo. Pero el final no es tan feliz: las palabras del final quedan resonando como una amenaza. Claro, en la historia, aún es la década de 1990.
Por eso, Un rato lejos es un viaje doble al pasado. No es solamente recordar de forma nostálgica una época que ya pasó, un lugar que ya no existe y que revivimos a través de las imágenes que vamos recorriendo. También es un viaje a una forma de ser y de estar que ya también ya pasó: la infancia. Despreocupados, inocentes, inconscientes, yendo a tener aventuras sin tener ni una pequeña dimensión de lo peligroso que puede ser el mundo. Por eso, aunque es inexplicable para el niño, es entendible el castigo, ahora que es posible observar la historieta desde el prisma de la vida adulta.
Volviendo al camino del héroe, el regreso implica obtener algo después de la aventura. Para el protagonista será el castigo, pero también una anécdota que quedará para el resto de su vida, y para, quizás, en el futuro contarla de manera ficcional en algún medio artístico.
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